jueves, 13 de junio de 2013

El restaurante de la semana: Londres, 35



Caballa marinada con fresones y cítricos.


Londres es internacional



Conversar con Anna Pujadas (1986) y Jordi Viscasillas (1984) es escuchar el suspiro de la hostelería: largas horas de trabajo, poca ganancia, tembleque ante el futuro.

Hace poco más de un año, Anna y Jordi arriesgaron con Londres, 35, espacioso comedor con atmósfera escandinava, cómodo y práctico, madera y sillas con sustancia. Ellos y sus familias han tenido buen gusto, y buenas deudas.


El de mediodía es un MMB (mejores menús de Barcelona) a 11,90 euros, lo que sorprende porque subsisten a unos metros de la Diagonal, frontera ideológica como económica donde los precios cogen carrerilla.


Asisten a diario a numerosos vecinos, entre ellos, gente mayor que desmenuza con nostalgia el bacalao a la llauna, preparación enlatada en la memoria infantil y dominical de Jordi, habitante de esta calle desde niño. Le sale bien el platillo barcelonés con ajo frito y pimentón, que enrojece las níveas carnes del gádido.


Mientras sirve cafés o cruasanes en los desayunos, Anna escucha los dolores de la generación de súper yayos que, tras lograr jubilarse y esquivar a Bankia, siguen sustentado a los hijos mileuristas.


Fui dos veces a Londres. La primera me dejó dubitativo. Hurra por la caballa marinada con cítricos y fresones y snif por el wok de verduras con calamares y langostinos, que me aburrió.
Después de haber chapoteado en la superficie con dos platitos y un postre, regresé al cabo de diez días para el buceo de cata mayor, con un completo de seis.
Una copa de Molí de Foc, tinto del Penedès y al lío.

Tras conocerse estudiando turismo –que Jordi compaginaba con clases en la Hofmann–, la pareja partió a Australia, donde el cocinero en prácticas se enroló en un restaurante italoespañol para después mudarse a un comedor en francés.

En el 2009 regresaron a saltos a Barcelona y Jordi cambió el gorro por la servilleta para ser camarero en tránsito.
De nuevo con Anna, y sin espíritu anglófilo, abrieron Londres. En la bolsa de canguro, el gusto por lo asiático, que en Australia es segunda religión. Wok, tataki, pasta, burger, tandoori, ese fardo que aprieta la #kocinaurbana. Londres es internacional.


En la segunda tanda, mezclé carta y MMB. Los buñuelos de bacalao (menú) fueron una estupenda pedrea para comenzar.
Cumplió el salmón con tostaditas horneadas en el restaurante (“intentamos hacer lo máximo por convicción y para controlar los costes”).
A la cebolla caramelizada del ravioli con manzana y gorgonzola le faltaba tiempo (pero se agradeció la elaboración casera de la pasta para un menú de diario).
El emplatado de la carne fue sorprendente por retro y coherente: lonchas de magret de pato a la naranja, ¡dentro de una naranja! “Prefiero no desperdiciar nada. Si uso el zumo, ¿por qué no la cáscara?”. La otra mitad la cortó en tiras y la confitó. El futuro se construye con reciclaje.

Los postres, buenos y contundentes, brownie, pastel de queso, pa de pessic, necesitaban una cura de adelgazamiento.


La brigada de la restauración media se amplía en Barcelona.
Necesitamos más lugares como Londres a los que volar en low cost.




Londres, 35
Londres, 35
T: 93.535.00.73
Menús  mediodía: 11,90 euros.
Precio medio (aprox): 25€ (sin vino).



PICA-PICA
Atención: a la nueva carta, más tapeadora para atraer a la juventud.
Recomendable para: los que quieran comer en un ambiente agradable.
Que huyan: los que sospechan de la mezcla de lo asiático y lo local.



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martes, 11 de junio de 2013

Lengua de chef: Xabi Gutiérrez






Soy fan de Xabi Gutiérrez, mitad del taller de Arzak con Igor Zalacain.

Esto es lo que sabe hacer el primo segundo del doctor Bacterio, emparentado por parte de madre con los Frankenstein:






domingo, 9 de junio de 2013

Chiña



Dame la mano, soy tu banquero.







CHIÑA. El objetivo final de Angela Merkel, cuero y látigo, es acogotar al sur de Europa con el objetivo nada disimulado de implantar las condiciones laborales de China. Una China meridional, la Chiña, antes conocida como España. Solo desde esa conclusión es posible comprender la política de yugo de la carcelera Merkel, que no cancillera. Sueldos subterráneos, pésimas condiciones laborales, derechos volatilizados.



IGUAL. El húngaro László Andor, comisario europeo de Empleo (¿o desempleo?), sugiere un contrato único para España, o sea, la Chiña. Qué espabilados estos capitalistas que recomiendan las bondades del comunismo a los demás. Iguales en la pobreza. En la mili se ufanaban con lo mismo: “Aquí todo el mundo es igual”. Excepto los que mandaban.



ARGOLLA. El dictador Mao promovió la esclavitud destruyendo a los individuos y elevando a las masas. La chaqueta de cuello mao fue el uniforme carcelario, una argolla de tela. Si Mao hubiera juzgado a Mao, le habría colgado un cartel ejemplarizante por burgués y reaccionario. Su nieta es millonaria: aprendió la lección. Todo el mundo es igual. Excepto los que dicen que t
odo el mundo es igual. Son los que mandan.


LENGUA. En la China Meridional hablan lapao, por lo que la sospecha de que España camina hacia Chiña deja paso a la certeza. El lapao es uno de los idiomas incorporados a la nueva realidad gracias a una ley que las cortes de Lapaolandia han soltado como un lapo. Estoy contento por haber añadido esa lengua a las lenguas que hablo. En Catalunya hemos mejorado nuestro currículo.



HUMILDE. La humildad es la peor de las arrogancias.



REZAR. Últimas noticias del Telediario de Chiña. Rezar alivia a los parados y los jóvenes van provocando (pero ¿a quién?) con sus ropitas de alto voltaje y cortedad. Edita y presenta la Conferencia Episcopal.



LUMBARES. Una lumbalgia me ha puesto en mi sitio: he vuelto a la condición de mono.



INTERIOR. “Primero hablamos de lo de hoy, y luego de otras cosas, porque el aborto tiene poco que ver con ETA. Bueno, tiene algo que ver pero no demasiado”. Jorge Fernández Díaz, ministro sin Interior.



HORROR. La etiqueta de la camisa o de la chaqueta es un anuncio del horror textil. Made in Camboya. Made in Blangladesh. Tú has pagado 30 o 300 euros (qué obsceno superávit consiguen algunas marcas lujosas). Ellos están muertos.



SUBMARINO. La Armada encargó al astillero público Navantia un submarino, el Isaac Peral, al que han cargado con 100 toneladas de más. No hay que reñirlos: para una vez que hacen algo gordo, déjales que metan hierro. Es verdad que la nave no flota, pero ¡eureka, se hunde! Se trata de un sumergible de diseño español y, visto el resultado, emerge una publicidad impagable para futuros encargos internacionales. Los chapuceros lo arreglarán con morro, alargando el casco. Comienza la era del Made in Chiña.




miércoles, 5 de junio de 2013

El restaurante de la semana: Neri









Canelón de arroz



Tengo una relación íntima con el arroz desde la niñez, así que cuando leo las cinco letras me debato entre el deseo (voraz) y el rechazo (prudente).
Una gramínea en medio de una degustación es como el granizo: repentino, violento, lo llena todo. Me tienta, peco y sé que después del plato total, lo demás será comido por deferencia hacia el cocinero, con desgana.


Cuando vi el pedrisco en el menú que había decidido Benito Iranzo (Mollet, 1972) bajo el nombre de arroz de gambas, las ganas eran pocas.
Imaginaba una densidad roja y de larga digestión. Erré porque fue una propuesta magnífica y refrescante en una especialidad donde domina lo rutinario y torpe.
Pensé en otros cuya concepción me atrapó, como los trabajos con el socarrat de Raúl Aleixandre, Quique Dacosta, Paco Pérez, Jordi Jacas o los hermanos Torres.


En el fondo del plato, Benito disponía el carpacho de gambas, lo cubría con el arroz y le daba forma de canelón. Crujiente el interior, baboso el exterior.
En la mesa, un camarero lo completaba con un caldo atómico, que circundaba el tubo como a una isla.
Era muy bueno, aunque para no abochornar a la pobre gamba desnuda, la potencia del sofrito, perfumado con piel de naranja, tendría que ser de menos megatones.
Lo comí despacio, alternando con sorbos de Geum 2011, un tinto de peso pluma.


“Es una cocina de temporada con pequeños toques creativos que respeta el producto”.
A los cocineros siempre les agobia definirse: Benito no fue una excepción. Supe sacarle algunas cosas.
Que sus padres habían tenido Les Pruneres, restaurante de Mollet donde alimentaban a 150 personas por servicio (“somos de Teruel y mi madre bordaba el ternasco al horno”). Que en Gallecs el payés Raül le plantaba las verduras, los microvegetales y las legumbres, entre ellas, unes mongetes del ganxet de alta costura y que sirvió con jamón ibérico como aperitivo. Que a diario metía la nariz en la Boqueria  y que con esa inspiración y cesta decidía el menú de 22 euros.


Desde una silla aterciopelada admiré los muros medievales sobre el que se levantaba el hotel. Al otro lado del cristal, la plaza de Sant Felip Neri, que habían heredado los turistas por las prisas de los barceloneses.
Me alegró encontrar a Chema Alpuente, ex propietario de Libentia y segundo de sala, que dirigía Montse Balgefó.


Me encomendé a ambos, que me fueron trayendo los platos tranquilos, sin estrés. Las virtudes de la plaza y su silencio y contención tenían afinidad con lo comestible.

Jugosas navajas con cítrico y alga codium. Lenguado con un caldito ligero de puerro y sobresaltado con el ajo negro.
Lomo de cordero, colmenillas, cebollitas y puré de patata a la mostaza (qué rico), emplatado a lo Iranzo, distribuido en tres bocados.
Me excitó el granizado de cítricos y me calmó el bavarois de Baileys.
Mi mayor objeción fue a los espárragos con vinagreta de trufa de verano, amenizados con dos polizones, el oro y el químico aceite de trufa. El espárrago no necesitaba de esos supuestos lujos para brillar.

El canelón de arroz era el más reciente pilar del Hotel Neri. Ni medieval ni gótico.
Una columna contemporánea.
 



NERI
Hotel Neri
Sant Sever, 5
T: 93.304.06.55
Menús: 22, 37 y 60€.
Precio medio (aprox): 50€ (sin vino)



PICA-PICA
Atención: a la sal de Kalanamak del aperitivo, que sabe a huevo frito.
Recomendable para: los que se embelesan con los hoteles cucos.
Que huyan: los que se sienten a disgusto en los ambientes refinados.



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sábado, 1 de junio de 2013

Puerta giratoria



Y claro.





PUERTA (GIRATORIA). Detesto las puertas giratorias. No sé circular por ellas, a diferencia de las rotondas. Cuando junto al molinillo existe la oportunidad del picaporte y los goznes, la aprovecho. Si son pequeñas, tipo hotel, me molesta que alguien se meta en el mismo compartimento porque son apreturas entre desconocidos. Avanzas con pasitos de reo encadenado hasta que la cuña móvil llega al destino.


HÁMSTER. Si la puerta es grande, tipo aeropuerto, temo que me quedaré encerrado en la rueda como un hámster. Algún especialista en multitudes ha decidido que los espacios se descongestionan gracias al repartidor circular. No lo sé: quiero seguir dando la oportunidad a las puertas, aunque sean automáticas y amenacen con decapitarnos con las hojas de cristal.


PORTERO. La puerta giratoria es la venganza del portero de hotel con librea, que se siente humillado por el uniforme de paño y se chotea en silencio del atropellado cliente que pretende franquear la barrera con una maleta. Cuando el incauto ruede por el suelo, él correrá solícito, aguantando la risa, a atenderlo.


ASPIRADOR. Estamos en un club privado de Londres al que se accede por invitación –¿y quién la quiere?, se come muy mal–. El hombre, un ejecutivo alto y flaco, con orgullo de dientes y gemelos rectangulares y brillantes, describe una de las profesiones de la City: “No hay tiempo que perder. Los trabajadores almuerzan sobre los teclados. Y, cuando acaban, pasa alguien con un aspiradorcito para limpiar entre las teclas”. En la India existen los repartidores de almuerzos para que el esclavo siga en la oficina. Más horas no significa más productividad, sino más horas.


CURSI. Las rosas pinchan para recordar que la belleza es imperfecta. Me corto las venas con un folio después de escribir la ñoñería. Lo único que no se puede ser en la vida es cursi.


POLIDEPORTIVO. Urdangarin y Cristina, el jugador y la infanta, siguen el circuito infantil de balonmano por la provincia de Barcelona. Sus hijos Juan y Pablo continúan con la actividad familiar. Llegan a los polideportivos entre cuchicheos y alzamiento de móviles, a la salida alguien grita “¡ladrón!”, tal vez un niño.


MANSEDUMBRE. Es un público familiar y aflojado por el fin de semana, al que altera la presencia de esos personajes irritantes, que también tienen hijos, que también juegan al balonmano y que, seguramente, también se regalan unos berberechos dominicales, aunque desenlatados por el servicio. Tienen que convivir con el alboroto, acostumbrados al silencio y a la reverencia. A ellos les molesta. A los demás les fastidia que sigan apareciendo por esos polideportivos modestos y municipales perturbándoles la mansedumbre del domingo.


MAGO. La puerta giratoria es un artefacto de mago: entra un cargo público que ha beneficiado a un sector y sale un ejecutivo fichado en agradecimiento.


CHÁNDAL. Urgandarin también pasó por una puerta giratoria: entró con chándal y salió con traje.




miércoles, 29 de mayo de 2013

El restaurante de la semana: Yourg Burg!








Hamburguelona


Juanjo Mestre es más nervioso que una cama elástica: querrías cogerlo por los omoplatos y decirle: “¡Estate quieto!”. Nuestra relación comenzó con un malentendido belicoso y acabó ante un café pacificado. 

Juanjo es un chef con personalidad que redondeó hace un año Your Burg! con la intención de acometer otro restaurante más complejo cuando dispusiera de la financiación.
Le satisfaría abrir sucursales hamburgueseras, lo que aún no ha llegado aunque se respira ese aire transportable. “Tengo un restaurante cuyo plato de resistencia es una hamburguesa”. Quiere con la declaración enseñar músculo, falda y entraña: su casa es un “algo más”.

Minucioso, diseñó la cocina abierta a su medida –es un tío alto– y pensó hasta en el número de sillas en el lavabo femenino, que son dos porque muchas mujeres “van juntas”. “Los detalles son importantes”. Los pormenores lo son todo. Pero primero hay que solucionar lo global. Lo gordo está bien, algún ajuste en lo delgado.

El chef rubio estudió en Francia e hizo la mili gastro con generalísimos como Ducasse, Robuchon o Blanc y se adorna con expresiones en francés para demostrar esa nostalgia pero también para marcar territorio.

Asociado con su compañero de piso, Marc Malagarriga, y con sus tíos, los Boncompte, y tras un cásting de proveedores, se decidió por los vinos de Vila Viniteca, los panes de Turris, las carnes de Torras Junoy, David y Casademunt.

Pregunto por el origen del buey y cabecea: “Me da igual de dónde venga. Lo importante es que el animal se mueva”. Solo faltaría que fuese cojo.

La insignia de Your Burg! es un papelito blanco con una frase: “Inventa tu hamburguesas”. Paciencia porque hay combinaciones.
Con casillitas, es como la declaración de Hacienda pero con final feliz. O no si yerras con el pupurri. Al ver la hoja, nombro a Spoon, aquel negocio de Ducasse basado en el pito-pito y Juanjo sonríe.

Como él ha elegido por mí los entrantes, soy prudente y pido para acabar una burger infantil de buey de 85 gramos con mini panecillo con brie, cebolla, chili con mayonesa (piiiica) y kétchup casero (por separado, en botecitos) y unas majas-majas patatas fritas con piel que corta con una máquina el filipino Vincent Torida. Albert Estadella completa el ardiente equipo. La brasa es de piedra volcánica y el sabor de hamburguesa, de primera.

Bebo un par de copas de rosado (sumoll) de bodegas Pardas, “son familia política, es que es un restaurante familiar” y disfruto con el timbal mallorquín con hojaldre, sobrasada y queso.
Evoco a Arola con los cilindros de patatas bravas (“me lo han dicho, ¡pero pensaba que las había inventado yo”), me decepcionan los nuggets de pollo por secos y aprecio la finura del platillo del día, la pasta con albahaca, gambitas y mejillones.
El postre es una versión en copa del Drácula, de la pastelera Gisela Rovira, aunque Paco Guzmán se anticipó en 15 años.

Barcelona es Croquelona o Hamburgelona y la clase social que consume los picadillos, la hamburguesía. La ciudad picotea la burger gurmet porque pasó el tiempo del entrecot. Juanjo ha comenzado la carrera sobre esa rueda. Su formación da para más. Your Burg! debería ser un lugar de paso donde entrenarse para misiones de altura.
  

Your Burg!
Londres, 65. Barcelona
T: 93.676.13.40
Precio (aprox): 15-17 € (sin vino).
Menús: 5, 18 y 15 €.


PICA-PICA
Atención a: la colorista decoración y a los vinos a la vista.
Recomendable para: los celiacos y los vegetarianos.
Que huyan: los que ven incompatibles las palabras burger y gourmet.



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martes, 28 de mayo de 2013

Una obra de arte: ¿Chillida o cerdo?








La vitrina es tan maravillosa como enigmática.

¿Comestible o no comestible?

Una corteza de cerdo expuesta sobre un zócalo de madera como si fuera una escultura de Chillida.

Está –estuvo– en el mercado de Medellín, en México DF.

El vendedor, el marchante, ha construido la instalación sin intuir la belleza. Su intención es más comercial que estética.

Los focos mantienen atemperada la piel, a la que el aceite ha dado nueva forma.

Al morder la pieza, el crunch astilla el cerebro.


PD: un taco de carnitas con trocitos de corteza como aditamento –al otro lado de la calle, en las Karnitas de Medellín– cura a los pedantes de sus vicios.




jueves, 23 de mayo de 2013

El restaurante de la semana: Futami







Mecánica a la japonesa


Esta es la historia de dos amigos recientes y cómo la restauración les ha reconducido la vida.
Hace poco, Toni Durban era mecánico en una empresa y esa pericia manual la aplica ahora a la fabricación de makis.
Daisuke Kigawa trabajaba en San Diego –donde la orca Ulises señorea el zoo y es una promesa de sushi gigantesco–, voló a Barcelona de vacaciones y su mujer suspiró que era en esta ciudad donde deseaba vivir.
Han cumplido: en diciembre pusieron wasabi a un negocio, Futami, que habita el espacio del finlandés Routa, finalmente congelado.

Toni está casado con una japonesa y su suegra aprovechó el viaje de la familia de Daisuke para trasladarles unos objetos.
Todas esas idas y venidas se resumen en que Toni es el ayudante del sushimanrapado y nacido en Tokio.
Entre ellos hablan en inglés y, cuando se enredan con esa lengua que no es la de ninguno de los dos, los auxilia Laia, que estudió japonés y trabaja como camarera en transición laboral.
“Antes de abrir, Daisuke me dio un cursillo rápido y me encargo de los makis”. Toni alza un soplete para soasar el atún y se le ve cómodo en esta nueva mecánica, orgánica y sensible. El catalán ha aprendido bien el cometido y asiste al itame sin hablar, en una coreografía eficaz para dos que hace poco que bailan juntos.

El lugar idóneo es una de las nueve plazas de la barra de la entrada, en concreto frente a Daisuke.
Por casualidad, me ofrecen esa silla, a tocar de los cuchillos del chef. El más largo muestra un filo temible.

Estuve en Routa en junio del 2010 y tampoco fue fácil comunicarse con los dueños: será que el espacio está predestinado.
Es aventurado predecir qué puesto ocupará Futami en el star system japo de la ciudad y tras palillear el Menú a cargo del chef a 25 euros lo veo cercano a Can Kenji, aunque más formal. Bebo cerveza Asahi, fuera del menú, lo que aumenta la factura a 28,50.

Trago y miro y me atraen más los movimientos del chef, la minuciosidad, la limpieza, la habilidad en el corte, que lo que me llevo al buche. No digo que sea deficiente –lo peor, el exceso de sal en la sopa de almejas con sake y mantequilla y unos bivalvos poco jugosos– sino que adolecen de impacto.

Ese menú no incluye el celebrado cóctel de ostra que otros han ensalzado, así que me conformo con un tartar de atún con aguacate y tres tiras de nori para que me organice el bocado, los bocaditos, los sandwichitos.
Ese háztelo-tú-mismo es sabroso, invita a la manualidad.

La ensalada con pimientos, lechuga y maíz es prescindible, la sopa ya ha sido comentada y el salmón con salsa teriyaki y especias roza a la excelencia.
Acabo con el kaisen chirashi, el “sushi esparcido”, arroz con un-poco-de-todo, trocitos de nori, salmón, atún, cangrejo, huevas con wasabi, que ataco con placer desparramado. Los doriyakis, de judía y de fresa, resultan agradables y el café es del Magnífico.

¿Por qué recomendarlos? Porque he visto trabajar a Daisuke y me parece serio y aplicado aunque sería inteligente organizar ese Menú a cargo del chef con ingredientes y sugerencias menos trilladas.

Por el momento, lo que me convence es cómo la gastronomía ha unido a un mecánico y un chef que encajan en silencio.
  

FUTAMI
Enric Granados, 10. Barcelona
T: 93.515.03.12
Menús de mediodía: de 12,5 a 14,5 y 25 €.



PICA PICA
Atención: a los menús, con precios para bolsillos y bolsas, 30, 40 y 50 euros.
Recomendable para: los que quieran conocer un japo de serie media.
Que huyan: los que no se hipnotizan con el corte del pescado.


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jueves, 16 de mayo de 2013

El restaurante de la semana: Gat Blau







Conejo eco y con eco



Pere Carrió es un fanático de la cocina: a los 18 años se regaló un Roner; a los 25, una Pacojet; con 28 ha conseguido un Josper de segunda mano. Eso es amor sincero por el oficio de chef, y por los aparatejos.

Otros se conforman con coleccionar cartas de restaurantes o en mangar cubiertos. La Pacojet y el Roner lo han acompañado en su circunvalación profesional, que inició en Gat Blau cuando aún era estudiante de hostelería hace una década para regresar al mismo maullido.

Cuando aparece en una cocina, carga con una maleta con los trastos.

En el viaje por el Empordà, Rubí y de vuelta a la calle Consell de Cent adquirió reflexión y sospecha por el kilometraje, así desde hace el 2010 Gat Blau es ecológico y adscrito al Km 0. ¡Mau!

Escucho a muchos chefs del club que se declaran comprometidos pero sin talibanear o roucovarelar. Pere también aduce a esa flexibilidad: “No compro algo porque sea eco, no es una cuestión de sello. En el caso de los animales lo tengo claro, la certificación me da confianza. Y en cuanto a los transgénicos, ni hablar”.
Se ocupa de transmitir ese pensamiento a los clientes con hojas volanderas que promocionan el consumo de un plato vegetariano (reduïm la petjada) y la procedencia de la despensa: cerdo de la Vall d’en Bas, ternera de L’Espunyola, potro de la Vall Fosca, verduras del Vallès y de El Prat, pescado de la Barceloneta.

Este Gat Blau, que fundó la amabilísima Jo Mestres, asociada con Pere, tiene dos vidas: la alborotada de mediodía, con un MMB, uno de los Mejores Menús de Barcelona, a 11,20 euros, y la sosegada de las noches (de momento, jueves y viernes) con menús de 21 y 28 euros.

En ambos casos, el gato es azul por los pocos billetes que cuesta darle un mordisco. Bueno, y puede que por Roberto Carlos.
Hay disociación entre la decoración sin decorador, “triste y azul”, y lo que sale de esa cocina, alegre y verdoso. En coherencia, una oferta de vinos ecológicos que merece ampliación. Copeteo con el Mas Petit de Parés Baltà, tinto menor.
Agua gratuita, en botellas ¡azules!, servicio que se agradece y que habla de generosidad y activismo.

El comienzo es certero con la coca con habitas y cansalada, bocado de intenso sabor (la base es demasiado dura).
Lo siguiente es radical –lo elige Jo por mí–, los puerros confitados con coles de Bruselas y aceite de cebollino. No soy vegetariano, todo sea por reducir la huella, la próxima vez vendré descalzo. Es bueno, masticador, carnoso, aunque lejos de mi ideal.
La sardina con tapenade y puré de hinojo a la brasa se acerca a mi onda, notable.

Y excelente, la terrina de lomo de conejo del Matarranya, ligeramente escabechado, con puré de guisantes. Conejo en casa del gato. Tierno (“hecho con el Roner”), sin rastro de la pérfida grasilla. Es casi imposible encontrar al primo de Bugs Bunny en las casas afamadas. ¿Por qué los chefs ignoran al roedor? ¿Por familiar y trivial?

Los dos postres son para jalear: el sándwich de queso de oveja texturizado y el mini coulant de avellana con helado de vainilla.

La corrección es sencilla: ¡no es necesario rematar con cebollino cada plato! Dicho esto, el gato, Pere y Jo tendrán una próspera vida eco. Con eco. Buen restaurante, restaurante, restaurante.




GAT BLAU

Consell de Cent, 139. Barcelona
T: 93.325.61.99
Menús de noche: 21 y 28 € (sin vino).
Menú de mediodía: 11,20 €.



PICA PICA
Atención: a lo barato que se come a mediodía, incluso por 7,80 €.
Recomendable para: los que sospechan de los transgénicos y otras pestes.
Que huyan: los que crean que el Km 0 es un camelo.



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miércoles, 15 de mayo de 2013

El mejor equipo del mundo





[La imagen fue tomada ayer a las 20.00 horas en el Teatre Nacional de Catalunya antes de la gala del Català de l'Any y del Sopar de l'Any, que celebramos desde el 2007]


El mejor equipo del mundo para el Sopar de l'Any: los maximalismos son aventurados porque pueden volverse contra uno. Las exageraciones son un bumerán que, de regreso, parten los dientes del bocazas. Pese a la advertencia, no hay arrepentimiento y la frase es escrita de nuevo y con énfasis: ¡el mejor equipo del mundo! Los Diez Magníficos (más el Capità Adrià) los hemos llamado en los últimos años. Después de ese título estupendo, los superlativos están chamuscados. Sí, quedan los siderales o los religiosos: Dios o extraterrestre, que a lo mejor es lo mismo, reservados para Messi.


[Lea el artículo completo en este enlace con El Periódico]