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Mostrando entradas de abril, 2019

Maridaje molecular: el 'first dates' de la gastronomía // Sofia Be So

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Si escuchas al cocinero Carles Tejedor, al frente del restaurante Sofia Be So, se activa la parte del cerebro que controla el placer: «Este es el mejor momento de la trufa». Si escuchas al sumiller François Chartier, «creador de armonías», se acciona el interruptor intelectual: «Hemos buscado ingredientes que comparten moléculas con la trufa».

Estos dos casamenteros de productos han diseñado para Be So una conspiración en torno al hongo, en la que lo que se come, bebe y huele

Un picoteo para Sant Jordi

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1. ‘Mugaritz, puntos de fuga’, de Andoni Luis Aduriz (Planeta Gastro), 48,90 €
Andoni Luis Aduriz es un escapista: alguien que se libra de los grilletes culinarios. Califica su último libro como “manual de ilusionismo”, chistera de la que los conejos salen muertos y con las orejas fritas. Libro tan poco común como el restaurante Mugaritz, hay que leerlo con la barriga llena y la mente vacía. Gran diseño, grandes fotos y gran perplejidad. El mago desaparece, y se hace el silencio,

2. ‘Si quieres que te quieran’, de David Monteagudo (Rata), 20 €
¿Memoria? ¿Recetario? Ambas cosas –y más–, primera incursión del escritor David Monteagudo en la narrativa gastrodoméstica después de organizar talleres literarios amenizados con una tortilla de patata y una botella de vino (¿qué puede salir mal?). ¿Son necesarias 18 páginas para explicar la preparación del tubérculo con huevo? No: si tienes puesto el delantal. Sí: si estás cómodamente sentado.


3. ‘La coquessa’, de Jaume Aubanell (Pagès), 15 €
La nov…

Alegría de vivir (fuego y ceniza) // Diálogos de cocina

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Estremecimiento. 'Alegría de vivir' es una canción triste. La escribió, tocó y cantó Ray Heredia, al que la heroína dio un pico mortal con solo 27 años. El guitarrista Josemi Carmona, que con su hermano y su primo han resucitado el grupo Ketama, que fundó el mismo Ray, le hizo un homenaje con un estremecimiento de cuerdas. Lo acompañó Antonio Serrano con la armónica, que hasta esa tarde iluminadora había sido para mí un instrumento sin peso, hecho para nostálgicos de las fogatas, los adictos a la melancolía y los cowboys solitarios.


Escepticismo. Antonio había colaborado con Paco de Lucía y vencido su escepticismo de que la pequeñez que se lleva a los labios pudiera ser atendida por grandes auditorios. Escuchar el virtuosismo sin ostentación de Josemi resultó emocionante, pero ver a Antonio sacar chispas del metal fue una invitación al fuego. Tras aquello recordé una actuación –sepultada durante un par de décadas en el cieno de la memoria– de otro talento de la armónica, Charli…