Restaurante Benzina // Barcelona





































Benzina

Passatge Calders, 6. Barcelona
Tf: 93.659.55.83
Precio medio (sin vino): 25 €




Sí, los 'linguine' con aguacate están buenos



Al sentarme, Badr Bennis me dice que los espaguetis a la carbonara son uno de los Grandes Éxitos de Benzina, así que le pregunto por otra pasta que realmente exprese la sustancia de lo que él y Nicola Valle, el cocinero, quieren representar. «Pues esta», y señala los 'linguine aglio, olio' y 'peperoncino' (de acuerdo), bogavante (bien), aguacate (vaya) y aceite de cardamomo (ejem).

De repente me apetece la carbonara, aunque contesto con la bizarría del cronista aventurero: «¡Adelante con los 'linguine'!».

Benzina ocupa el espacio del restaurante Lando y responde a todo lo que Badr buscaba en el 2018, óptimo para el 2021: «Amplio, luminoso, techos altos, fachada y terraza». Parece un anuncio de una inmobiliaria, pero es cierto.

Es un sitio envidiable, decorado con muebles que han comprendido el tiempo. Y con barra de coctelería, en busca de ese tañido neoyorquino que Badr y Nicola escucharon como residentes en la capital del mundo.

Por los altavoces suena Jimi Hendrix (después Badr bromeará diciendo que el restaurante es una excusa para pinchar música guitarrera) y las bebidas nombran a bandas o artistas clásicos del rock.

Pido un 'Green River', disco de 1969 de Creedence Clearwater Revival porque quiero un trago sin alcohol, aunque me tienta el Cocaine, de Eric Clapton. ¿Qué sustancia llevará?

El Green River, con manzana, flor de saúco, pepino y menta, está muy bueno.

Quiero saber por qué un chef de Brescia mete aguacate en una pasta y Nicola me cuenta que la culpa es de Nueva York: «Cuando a medianoche improvisábamos un 'aglio e olio', los cocineros latinos le ponían aguacate. Y en Ecuador, donde viví después, también”. ¿Lo servirías a tu madre? «No». Ejem-ejem (segunda parte).

'Focaccia' de la casa y aceite de oliva de La Gramanosa. Y vinos italianos: primero Naca (Puglia), bien; después Ripassa 2017 de Zenato (Valpolicella), mejor.

Caballa semicurada, espinacas y stracciatella (me viene a la cabeza una combinación semi olvidada: anchoa y mató) sobre 'focaccia' cortada fina, aunque debería ser más gruesa para soportar el peso y la humedad.

He visto escrito «tarrina de conejo» y la he pedido porque estoy a favor del enmoldado y del roedor. Sobre el conejo, espuma de mortadela (es bastante densa, aun mezclada con caldo vegetal y montada con sifón), que le da grasa, y las alcachofa y los encurtidos, acidez. Nuevo acierto.

Cierro la tanda de 'antipasti' con la berenjena 'alla parmigiana', con el queso convertido en migas y también en helado, que rebajaría de azúcar.

Sí, es la hora de la pasta.

'Linguine' de La Molisana, espuma de aguacate, bogavante americano, aceite de cardamomo y ese picante que no te hace sudar pero tampoco olvidar. Remuevo todo y… funciona. Está inesperadamente rico.

Incluso el cardamomo se integra como un tipo alto en un equipo de baloncesto.

Le pregunto al cocinero por la especia y el riesgo del tortazo: «Da elegancia, un tono balsámico y lo une todo».

Badr define Benzina como «un restaurante italiano abierto a probar cosas nuevas», y que cabrea a los tradicionalistas, seguro.

Una seguna pasta: raviolis caseros rellenos con setas (en realidad, un 'risotto' muy hecho), queso de cabra y gambas (¡valientes!). Interrogo sobre el crustáceo: «Gamba langostinera argentina». Por favor, ¡gamba de la Barceloneta!













De postre, una Sferamisu, esfera derretida con chocolate caliente, deleite de 'instagramers', que se deshacen. Un tiramisú de otra manera, y es bueno y rompo mi abstinencia 'tiramisunera'. Si hay que comer este postre invasivo, mejor preparado por un italiano.

Venga, Nicola, invita a tu familia a los 'linguine' con aguacate, a ver qué pasa...







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