Comienza un vertedero














ASEADO. Los medios de comunicación españoles están embelesados con Albert Rivera. Les parece más aseado que Pablo Iglesias. También su ideología, aunque comparten la misma inexpresividad ideológica.



COLA. En la cola del cine, a punto de ver Kingsman. La violencia de Kill Bill, aunque con otro vestuario: el traje a medida en lugar del chándal. Aparecen dos personas mayores: uno, enjareta un sombrerito, se diría que tirolés. Han llegado después de nosotros, pero se cuelan. No les decimos nada. Solo hay una persona en la taquilla. Durante unos instantes coinciden dos. Es el cambio de turno. El hombre del sombrero abandona la posición para adelantarse. Sobrepasa a cinco personas. La cola lo reprende y él responde: “Basta, basta. Déjenme en paz”. No parece abatido, sino enfadado. Es esa clase de personas que diría: “Los jóvenes de hoy están muy mal educados”. Jamás he visto a un joven intentando burlar una fila.



VERTEDERO. Cuando el ser humano ve una bolsa de basura, en vez de recogerla tira otra. Así se inician los vertederos.


DIOS. Dos mil años de debate teológico llegan a su fin. El BOE demuestra que Dios existe.



ESQUINA. Ese vertedero está a punto de comenzar: alguien ha tirado una bolsa con heces de perro. Ha llegado otro individuo y ha seguido el ejemplo. Y un tercero y un cuarto. La quinta bolsa es ya de basura. Los barrenderos ha decidido no prestar atención al incipiente estercolero. Me encuentro con uno, que fuma. Mientras habla, fuma. El cigarrillo en la boca; las manos en los aperos de recoger. Le cuento. Y él me cuenta: “Soy nuevo y aún no conozco mis límites”. No habla de filosofía ni de resistencia. Habla de calles. La siguiente esquina es el fin del mundo.



APÉNDICE. Tengo sueños raros. Este se repite: necesitado de huir, las piernas no funcionan. Creo que es muy común. La cabeza corre; las piernas son de hormigón. El otro día viví una variación de ese inmovilismo: quise telefonear y fui incapaz de conseguir que el móvil funcionara. Apreté y apreté sin establecer llamada. Solo ahora sé que el móvil es un nuevo órgano, un apéndice externo.



MUTAR. Los órganos del cuerpo humano han necesitado millones de años para evolucionar. Ese miembro adquirido que es el teléfono inteligente muta mes a mes. El precio por la mejora del smartphone es la atrofia de partes de nuestra anatomía.



ARQUEOLOGÍA. Papeles, heces, bolsas, latas, cajetillas de tabaco, botellas, revistas. La variedad de desperdicios arrojados a las calles es enorme. No es arqueología urbana: es mierda. Ser barrendero debe de ser desesperante: al minuto de barrer, un desgraciado ha vuelto a lanzar un papel al suelo. Mejor que limpiar es no ensuciar.





Comentarios

  1. " Ser barrendero debe de ser desesperante: al minuto de barrer, un desgraciado ha vuelto a lanzar un papel al suelo. Mejor que limpiar es no ensuciar Bueno, es desesperante, si, pero....y ser am@ de casa de algún@ guarr@?. Todos los dias limpiando y, al cabo de nada, vuelta a empezar! Mejor no remover, ja,ja! Un saludo.

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