Hamburguesa y 'calçot' // Una receta contada








[Hemos renovado la revista Dominical de El Periódico. La sección Gurmet de guardia, que contará recetas, aparecerá cada 15 días. La primera entrega fue el 28 de marzo del 2015]



Agobiados por la hamburguesa industrial,  incluso por la gurmet, la redención llegará por la casera.
Es una preparación familiar en la que hijos y padres se encarnizan: meten las manos en la chicha para remover y se pringan hasta el codo.

¿Por qué no trasladar lo foráneo a un escenario local? Hamburguesa a la mediterránea, que es ese lugar difuso con decenas de países, algunos en guerra. 150 gramos de cerdo y 150 gramos de ternera, comprados en la carnicería y picados ante nuestras inquisidoras narices. 

Dos huevos, hierbas frescas troceadas (salvia, tomillo, orégano), un par de cucharadas de mostaza, pan rallado, sal y pimienta.

Amasar y dejar a punto las hamburguesitas. En el horno, a 250 grados, la boca de Satanás, hornear los calçots.

Cuando cambien a tostado y a punto de ennegrecer, retirar y envolver en papel de periódico.

Aprovechando esas temperaturas, escalivar ajos y tomates, la base del romesco junto con la ñora y los frutos secos.


Pasar las hamburguesitas por la plancha. Tostar los panecillos. Pelar las cebollas de esta calçotada civilizada, sin esas insidiosas cenizas que carbonizan uñas.

Cubrir con el romesco, salsa de estimulante viveza. Eso que era ajeno y bastardo, de otra cultura y civilización, ha sido aproximado a nuestro discurso. Convertir un icono sin tiempo en un plato de temporada.







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