Albert Ventura 'pinta' los platos de El Cercle
















[Artículo publicado el jueves 23 de mayo en El Periódico de Catalunya]


Los clientes regresarán a los salones de El Cercle por la calidad de los platos de Albert Ventura, el dueño del bistronómic Coure, pero entrarán para admirar la finura del trabajo del arquitecto Alfredo Arribas, que ha convertido las salas oscuras en espacios acogedores donde sentirse, de nuevo, un señor de Barcelona.

La recuperación del distinguido entorno para uso gastro se debe a otro caballero, Julià Cribero, dueño de La Clara, comedor bajo una bóveda catalana, que prendado de la antigüedad y la belleza consiguió la concesión de la primera planta del Reial Cercle Artístic «durante 25 años».

«Ilusionado y cansado», suspira Cribero. «Estoy molido pero me levanto cada día con ilusión renovada», suelta Ventura. Abrir un negocio nuevo es sufrir, pero hacerlo en un lugar que se intuye icónico es como estar dentro de una piñata. Ambos hablan «de un Ferrari». El Ferrari es El Cercle, su cocina con la última tecnología, los comedores Les Quatre Estacions y La Biblioteca, La Barra para la cocina japonesa y la terraza, de donde pende una escalera metálica provisional y controvertida. Una gran superficie de lo exquisito en esa parte de la ciudad abandonada al fast food.

¿Que cocina Ventura en ese piso señorial por donde vagan fantasmas con los dedos al óleo? «Esto es un palacio. No será la cocina del Coure». En una vajilla decimonónica, platos que cargan siglos aunque con la cadera moderna y ágil, sin osteoporosis.

El último en entrar en la carta es redondo: cebolla rellena con brandada (un piel que cubre un cuerpo ligerísmo) sobre crema de ajo negro. Otros son de una contundencia crepuscular, como las mollejas lacadas con jugo de ternera.

En lo gastronómico, Barcelona tiene más movimiento que una bailarina de zumba. Aperturas grandes y pequeñas, modestas y ambiciosas:

Kao Dim Sum de Josep Maria, Lluís y Meilan Kao; el Daniel Café de Daniel Brin, la Taverna Hofmann de Mey Hofmann; La Taverna del Suculent y Yango de Carles Abellan, la amplicación de la Taverna del Clínic de los hermanos Simôes, el segundo Les Truites de Joan Antoni Miró, la reforma del Manairó de Jordi Herrera, Cal Rosal de José Varela (y la bodega en sociedad con El Xampanyet) y el establecimiento de Sergi de Meià.

Y lo que está por llegar: el desembarco de Ángel León en el Hotel Mandarin y los mexicanos Hoja Santa y Niño Viejo de Albert Adrià.

Y El Nacional, con el chef ejecutivo a punto de firma, pergamino y lacre.



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