Filántropo rico, filántropo pobre














SUFRIMIENTO. El sufrimiento verdadero llega antes del bando de los amigos que del de los enemigos.



TÚNEL. El túnel del tiempo existe. Cada día, al despertar, concluye el viaje.



FILÁNTROPO. Un filántropo me ha invitado a comer. Es un filántropo del segmento rico. Los meritorios son los filántropos pobres, aquellos que no tienen pero que dan. Este es millonario y su fortuna proviene de una herencia. “Yo no soy un auténtico mecenas”, me cuenta, “solo conozco a uno, a uno de verdad”. Explica la vida de un hombre sin descendencia, que acumuló dinero y que destina todos-todos sus ingresos a los demás. Un solo benefactor entre las filas de los cresos, entre cientos de potentados. Un solo rico pobre.



SUFRIMIENTO (Y 2). “Mi gimnasia es el sufrimiento”, filosofa un amigo enflaquecido por tres pérdidas. Una separación, una muerte, un robo.



FIEBRE. La calentura empapa el pijama, el cuello es un húmedo dogal. El cojín está impregnado de los olores de nuestra cabeza, como si nos hubiésemos acostado con otro. Te enciendes y te congelas a intervalos, evaporando el agua, aligerándote, transportando el peso al tejido. Al cambiar de muda, al renovar el pijama, el gusto es máximo. Está fresco, huele bien, parece que, por unos minutos, te has curado. Cuando pase el efecto de los analgésicos, los poros volverán a borbotear. Esperarás a que llegue el momento de renovar las dos piezas para volver a gozar de ese breve y exultante placer de la ropa recién vestida.



BIENHECHOR. El empresario con el que como y bebo es joven, heredó, ha ampliado horizontes. Quiero saber por qué otros pudientes son tan tacaños y me habla de un banquero, un individuo que no decide sobre hipotecas sino sobre vidas. “Cuando le hablo sobre filantropía, ¿sabes que responde? Que cuando ve llegar a un filántropo, da la vuelta y se va en sentido contrario”.



UÑA. Las uñas largas sienten nostalgia de cuando eran garras.



LENGUADO. En el Oceanogràfic de València, ante un pecera, una familia, padres e hijo adolescente. Tras los cristales, la representación de un fondo del Mediterráneo. En la arena, semienterrado, un lenguado. La piel sedimentada, en perfecta armonía con el entorno. Los ojillos delatan el cuerpo, un pequeño temblor lo separa de la arena. El joven parece que haga burbujas con la boca al hablar. Señala al lenguado: “Mirad, una raya”. Otro éxito de la educación.



CONVULSIÓN. El banquero no quiere exponerse al contagio, huye de la infección. ¿Y si el filántropo le pregunta por qué no filantropea? ¿Y si al hablarle le transmite el virus de hacer el bien, aunque sea un bien que desgrava? ¿Y si entre convulsiones de altruismo se vuelve buena persona? Eso sí que no, debe de pensar. Antes preso que buena persona.




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