Locos y poderosos






Camarero, hay una mosca en mi lavabo.






LOCA. Camina por la calle, gesticulando, habla sola. Está sola. Arrastra un carrito, que empuja unos metros. Aprovecha esa distancia para manotear en el aire. Alza las manos sobre la cabeza y el discurso que sale de los dedos es furioso y eléctrico. Son manos coléricas y despeinadas. El enfado también es verbal. No se entiende lo que dice. No se dirige a nadie. O interpela a todos.



NECESIDAD. En la lista de los españoles más ricos que publica Forbes hay empresarios de ropa, alimentación, construcción, distribución, farmacia. Se han enriquecido cubriendo, aparentemente, las necesidades básicas de la ciudadanía, o generando ese deseo: comer, vestir, habitar. Los que se ocupan de lo espiritual, del arte, de la cultura jamás apalancarán un sillón escarlata en esa comunidad. Pobres artistas, condenados a cantar las gestas de los patrones en busca de una monedita, de un brillo fugaz, que les ayude a sobrevivir.



TERRATENIENTE. El personaje más chocante del inventario Forbes es la duquesa de Alba, de profesión, aristócrata, con 3.000 millones de eurillos en el bolso. Dinero antiguo, dinero de terrateniente, dinero nacido en el polvo de los campos del sur. Los billetes de los otros nacieron en el pelotazo y sus sucesivas reencarnaciones. En el monedero de Alba hay trazas antiguas, velazqueñas, guerreras, gola y armiño. De todos esos acaudalados, solo ella conoce el auténtico sabor del oro.



CAUCHO. En las últimas semanas, hemos leído los diarios con más miedo de lo habitual. Algunos periodistas económicos y los gurús con lengua de caucho han decidido que ¡hemos salido de la crisis! Cómo, cuándo. ¿A qué intereses responden los artículos? Los políticos que comprendieron demasiado tarde que íbamos a ser tragados por la oscuridad son los mismos que se apresuran a anunciar la luz. Su tiempo es el destiempo. A medida que vayamos acercándonos a otro tiempo, el electoral, ese optimismo se tornará apoteosis.



CACHO. Bill Gates ha comprado un cacho de Fomento de Construcciones y Contratas y eso se interpretó con patriotismo: España interesa. O la están vendiendo a pedazos.



ESPIAR. Lamento entre los líderes europeos: ¡oh, Obama nos espía! El premio Nobel de la Paz, nuestro amigo, nuestro socio, nuestro aliado. ¿Sorpresa, ingenuidad? No. Teatro. Claro que saben que los investigan. Y, si pudieran, harían lo mismo. Lo sorprendente es ¿cómo gestionan los millones de datos? Los agentes fracasan porque, con los modernos sistemas de captación masiva, la poca información culminante es sepultada por toneladas de chismes y naderías. 



LOCA (y 2). La loca de la calle da miedo. Tememos ser, un día, esa mujer. Le grita al vacío y en el vacío no hay respuesta. Los caminantes la bordean, le dejan el camino libre. Los locos y los multimillonarios tienen en común que, a su paso, los ciudadanos se apartan, haciéndoles el paseíllo.






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