El olor de la otra








TIOVIVO. Conozco a ese hombre durante una comida. Tiene tres hijos y está separado de la madre de los niños. Su pareja actual aporta dos hijos a la relación. Hay días –en ese tiovivo de las custodias compartidas– en los que son siete bajo el mismo techo. A su mujer le interesa la macriobiótica; a él, menos. El microondas es un electrodoméstico prohibido en ese hogar. Al preguntarle cómo se organizan para el desayuno y comentar cómo les facilitaría la intendencia calentar leches y colacaos en la caja electromagnética, responde: “Preferimos hacerlo difícil. Nos van las dificultades”. O el masoquismo.


MICROONDAS. El microondas no tiene conciencia ni ideología. El microondas es un aparato. Somos nosotros los que decidimos su uso, si perverso o beneficioso, si calentar o cocinar.


TRAICIÓN. A la salida de un párking, una mujer coge de la mano a su hijo, de unos 2 años. Los acompaña el abuelo. Ella dice a su padre con un temblor, la barbilla deshecha: “No soporto, cuando abrazo al niño, el olor de ella, su perfume”. Ella, la otra. La pareja del ex. Ella, que pasa unos días, a lo mejor el fin de semana, con ese niño que no es suyo. Ella, que se rocía con una fragancia persistente y que transmite al pequeño como una enfermedad contagiosa. La madre huele en el hijo, involuntario portador, el perfume de la traición.


MOSQUITO. ¿Cuál es el olor de cada persona? ¿Existe una marca, una combinación particular de moléculas? ¿Cada uno hiede de forma característica? Nuestro aroma, ¿qué es? Dióxido de carbono, ácido láctico, gel de ducha, desodorante, colonia. Y sudor. Un cóctel para mosquitos. El brazo como barra de bar.


MORAL. Qué organismo, el FMI. Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn: altos referentes morales.


ECO. Leonardo DiCaprio quiere construir un ecohotel en Belice para ricos poco sostenibles.


DESCUBRIR. Tras la detención de los terroristas de Fraternidad Islámica, el presidente de una asociación musulmana de Terrassa dijo a un diario durante la oración de los viernes en la mezquita: “Es muy complicado detectar radicales y es muy fácil reconocer a los policías infiltrados que vienen a rezar”. Pues esa misma policía tan vistosa supo descubrir a los radicales que se le escaparon al buen señor, pese a conocer a fieles y a conversos, llamativos para la comunidad por su fe impulsiva y reciente.


EPITAFIO. Ha muerto Eduardo Fildago. Fue durante décadas el librero de los periodistas barceloneses. Un oficio que se inventó para facilitar lecturas prohibidas durante la fetidez franquista. Después, en democracia, siguió convirtiendo las redacciones en librerías. Papel impreso en el reino del papel impreso. Eduardo es uno de esos personajes secretos que ha contribuido a que respirásemos mejor. La última vez que lo vimos estaba muy débil y lo acompañaba un asistente social. Bajo mi mesa, guardaba una pila de libros para regalarle. Es una sólida columna. Será el epitafio.





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