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Mostrando las entradas etiquetadas como Bicnic

3 buenos bocadillos (y 1 para olvidar)

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1. Bicnic: la barra Fast Patatas fritas de la 'maison' y buen bocata guarro (en realidad, fino) de 'porchetta' con setas. Cerdeando. 2. Parking Pita Me reafirmo: estas patatas con mayonesa y 'harissa' son viciosas. ¡Atención barceloneses patateros! Buena y exportable idea la pita gurmet con masa de pizza. Discutible el precio: ocho euros la de pollo 'tandoori'. El ave habrá volado porque la materia prima era exigua. Carta de pitas con poca oferta. 3. Lomo Bajo Si hay que comer hamburguesa, que sea muy buena: la Suprem, de buey. Pan de primera, del horno Turull, de Terrassa. . 4. Sándwichez Cuando en una sandwichería no sale bien el sándwich. Pan humedecido, del que escapa el relleno. No es agradable coger la cebolla caramelizada con los dedos. Pastrami regular y exceso de mostaza, lo que ha falseado los sabores.

Restaurante Sants es crema // Barcelona

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Sants es crema Comtes de Bell-lloc, 118. Barcelona T: 93.222.96.44 Precio medio (sin vino): 40 € Menús: 25, 35, 45 € Caminar sobre brasas Después de 2,5 millones de años, nos seguimos arrodillando ante el tuétano: en pocos días he sorbido esa víscera en Bicnic y en Sants es crema, donde una brasa contemporánea da la bienvenida tras un cristal. Esta segunda médula ha aparecido con gamba roja y alga dulse, ingredientes que podrían haber formado parte de la dieta de una familia de homínidos playeros. ¿Por qué a los chefs modernos les enganchan las intimidades paleolíticas? Para Jordi Bernús, chef con muchas muescas en el mango del cuchillo, la parrilla es fundamental para encender esta etapa de la vida, después de haber servido en lugares tan luminosos como El Bulli, a la luz de las velas de la florentina Enoteca Pinchiorri, en la oscuridad de un transatlántico o en el diamantino Ritz Carlton de Jakarta. Por último, mand...

Restaurante Bicnic // Barcelona

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Bicnic Girona, 68. Barcelona T: 690.904.614 Precio medio Fast (sin vino): 20 € Precio medio Slow (sin vino): 35-40 € Mugir de gusto donde hubo vacas Antes de pedalear en Bicnic, Víctor Ferrer hizo muchos kilómetros gastronómicos sin maillot amarillo ni 'culotte', un 'tour' profesional que pasó por Madrid, Aviñón, París y Sant Celoni, hasta que se reencontró con la memoria familiar en el colmado Betlem , que perteneció a sus tíos y que él ha modernizado con un tapeo contemporáneo. Asociado con el estudio Toormix, pusó a rodar una 'foodtruck', cuyo espíritu viajero han trasladado a este Bicnic recién nacido, con dos espacios o cabezas: la barra Fast de la entrada y el comedor Slow. En realidad, el trotamundos Víctor solo se ha movido un metro, pues Betlem y Bicnic comparten el mismo edificio de 1892. «Esto fue una vaquería», guía el cocinero por el sorpresivo sótano, con dos silos subterráneos azulejados. Planea, a ci...