La mala sangre
BISTURÍ. Una tarde de fin de verano en la Barceloneta, con el skyline de la ciudad diluyéndose en el Mediterráneo. Junto a nosotros, un grupo de argentinas, tal vez uruguayas. Mezcla de edades: es difícil acertar porque el bisturí ha modificado el natural paso de los años. Dos se han operado los pechos. Son las que hacen top less . Una dice, lo grita casi: “Desde que los tengo me siento más segura”. VIOLENCIA. Conversan en voz alta, haciendo partícipes a todos –los que lagarteamos al sol– de las intimidades. Una tuvo un novio violento, de una violencia no explícita. Violento en silencio, violento con buenas maneras. Nunca –lo dejó claro– le alzó la voz. Muchas personas la advirtieron sobre él, aunque ella siguió ciega, sorda, muda. Lo dejó cuando supo qué le había hecho a su mejor amiga. LATERO. El grupo flota entre humos, risas y alguna tristeza. Una de las operadas habla de su hijo –la mujer tendrá unos 40– ...