Ahumar. Un congresista demócrata, John Delaney, ha nominado al cocinero José Andrés al Nobel de la Paz. Es la primera vez que alguien que toca los pucheros –baterista con cuchara de madera– es considerado para ese reconocimiento, pues hasta hacer relativamente poco los que ahumaban sus vidas tenían una consideración social parecida a la de los fogoneros en los barcos de vapor. Por algo a ciertos aparatitos para cocciones mínimas los llaman infiernillos. Infiernos pequeños. Honor. Reflexionando sobre el sentido de ese galardón, lo sorprendente es que ningún cocinero o cocinera haya optado antes al honor. Las mesas son lugares pacificadores. Nadie declara la guerra durante una digestión y si bien es cierto que el abuso de alcohol conduce a la violencia no es menos verdad que el borracho acaba derrotado por el exceso. La única discusión gastronómica que puede derivar en lágrimas es sobre la tortilla, y hay que responsabilizar a la cebolla. Supervivencia. En la quiniela del Nobel,...