La ilusión mata más que la gripe
El cierre de un restaurante es una noticia luctuosa y ni la competencia ni los sepultureros tendrían que regocijarse con ello: alguien dejará deudas y, a lo mejor, un fragmento del corazón. Este debería ser un artículo optimista y tendrá el tono desconcertado de las necrológicas. Quien quiera abrir un restaurante que se lo piense muy y muy bien (otra vez, y otra vez). En el cementerio hay un montón de lápidas con una inscripción fantaseadora: «Tener un restaurante era mi sueño». Un mal sueño, probablemente. Negocio basado en lo perecedero, requiere de más números y estudios que para mandar una sonda a Próxima Centauri. La buena noticia: Barcelona es una incubadora de nuevos restaurantes. La mala: muchos nacen muertos. La ilusión mata más que la gripe. En la ciudad abren y cierran tantos establecimientos que lo único engrasado son las cuentas corrientes de los propietarios de los locales. Unos cuantos se están haciendo muy ricos –muy ricos– con unos alquileres que ya solo pueden pagar ...