Entra una jirafa y sale un hipopótamo // #CuentoTallaS
Voltio. Cuando Titus entró en el bufet libre estuvo seguro de que era el paraíso en la Tierra antes del pecado original, y con cocineros. Le había llegado a las manos un flyer con colores chillones y titulares con muchas admiraciones: “¡¡¡Coma hasta reventar!!! ¡¡¡Pague 20 euros y coma por 100!!! ¡¡¡El mayor bufet de la ciudad!!! ¡¡¡Entra una jirafa y sale un hipopótamo!!!”. Electricista de urgencias, se ganaba mejor la vida que un médico a domicilio. Solo por desplazarse cobraba 50 euros: el coste final de la chapuza doblaba esa cifra. Devolver la luz a una casa no tenía precio, decía a modo de justificación por las tarifas abusivas. ¿Qué hacía un médico volante?, ¿recetar un jarabe?, argumentaba con desdén. Dependíamos tanto de la electricidad, según su parecer de filósofo del voltio, que un día sin ella no solo era incómodo y caro (adiós víveres del frigorífico), sino que nos entregaba al miedo límbico (eso lo había leído en una revista de divulgación científica en la barbería ...