En busca de Jim
El árbol tatuado que protege la tumba de Jim Morrison. En memoria de Pau Albornà, con el que compartí este viaje CORTEZA. Fui lector de Julio Cortázar, así que sé que entre los destinos míticos de los cortazarianos –muerta la carne, solo queda la corteza– está el del cementerio parisino de Père-Lachaise, aunque a él lo enterraron en Montparnasse. Pese a los viajes a París, nunca había estado en el camposanto ni tampoco atravesé los pasillos abarrotados del Louvre para ver la Mona Lisa entre todos esos japoneses excitados en silencio. He cumplido con una de las deudas. Entré en la ciudad de los muertos sin mapa y quise seguir con la rutina de visitar la tumba de Jim Morrison, aunque Balzac o Brillat-Savarin lo merecían más. SOLEDAD. La necrópolis ...