Si nadas, no hables
Mi relación con el deporte hace aguas: nado desde hace un año, después de cumplir los 50 y medir el futuro con un metro que cada vez tiene menos centímetros. No había hecho ejercicio regular desde COU, con un breve, sudoroso y cardiaco periodo dedicado al squash (¿el pádel lo habrá borrado de las pistas?), así que someterme a la disciplina semanal ha sido como ir a misa: hay que tener fe por si en algún momento se obra el milagro, que no es ponerse cachas, solo al alcance de los verdaderos creyentes, sino conseguir que el cuerpo se mueva. Limpiarse los dientes no está considerado gimnasia. He regresado a la piscina y he descubierto que con los años he desarrollado un tic en una pierna, que se dispara con cada brazada, aunque no lo note. Mi hijo, que es buen nadador, intenta que lo corrija, pero es como pedir a un asno que no cocee. Solo practico crowl y cubro los máximos metros sin parar: pretendo terminar cuanto antes porque la actividad es más pesada que el homenaj...