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Cuentos víricos // El misterio de la galleta

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Tuvo muy poco tiempo libre en aquel viaje profesional a San Francisco, pero se saltó un par de tediosas conferencias para pasear por las calles. O cabecear o callejear, pensó, y se decidió por lo segundo. La hora de comer lo pilló en Chinatown. Caminaba y, de repente, una mujer salió despedida de algún lugar y le dijo con un grito y una sonrisa: “Es el mejor chino de la ciudad”. Ningún elemento externo indicaba que allí dieran de comer. Una fachada sin cartel y una puerta sin cristal. Entró y encontró un gran comedor desangelado como un piso de muestra. Mesas con protectores de plástico transparente y personas silenciosas y con prisa. Pidió cangrejo con pimienta negra y lenguas de pato, más que nada por salir de la rutina y poder contar a la familia alguna aventura y recrearse con la cara de asco del hermano. El cangrejo le dejó la lengua en llamas y las de pato, indiferente. Fue como masticar un chicle sin sabor. Al terminar, le acercaron con la cuenta una galle...

Cuento víricos // Virúscopo

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Aries. Si con pocos días de confinamiento estás a punto de vaciar la despensa, aprende a racionar las provisiones. Reprímete si el antebrazo de tu pareja te parece apetitoso. El canibalismo no es una opción. De momento. Tauro. Aunque tu signo sea el toro, golpearse la testa contra la pared no ayuda a mitigar la desesperación. En caso de hacerlo, no llames al 061. Toma un paracetamol y envuélvete la cabeza con uno de los miles de rollos de papel de váter que has comprado. Géminis. El signo es de gemelos, pero al que hablas no es tu hermano, sino tu reflejo en el cristal del baño. Estás solo y puede que volviéndote tarumba. Se desaconseja ver la película 'Náufrago', de Tom Hanks. Ese balón con una carita no es tu colega. Cáncer. Aprovecha para estar con los tuyos, visita a amigos, retoma relaciones, estrecha lazos, comparte confidencias, abraza, besa, achucha, intima. Dedica a la familia ese tiempo que tantas veces le has robado. [Perdón: se coló un trozo de un horóscopo...

Cuentos víricos // La plenitud del ser antisocial

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Aunque llevaba años alertando a quien quisiera escucharlo –sin que eso (lo de escucharlo) pasara a menudo–, la epidemia afianzaba el criterio de César. Y a diferencia de los que fingían modestia al hacer diana con un augurio, César proclamaba que sí, que había acertado de pleno y que había advertido de un apocalipsis en forma de enfermedad si la gente seguía manoseándose. El tiempo del coronavirus era el mejor tiempo posible. Por fin su ser antisocial encontraba la plenitud. César se relacionaba de una forma hosca. No soportaba que lo tocasen. Temía la enfermedad con el miedo supersticioso de los primeros humanos. Para él, esa gente que ofrecía abrazos gratis en la calle le parecía más peligrosa que una tarántula del tamaño de un dinosaurio. Ya de niño huía de los besos de la madre, que raramente conseguía rozarle las mejillas. El contacto con los hermanos era imposible y esquivaba los puñetazos fraternos como si dispusiera de un muelle en la cadera. A lo largo de la adolescenci...