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Desnudos y exhibicionistas: unas palabras sobre el 'food porn'

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Para desnudarse no hay que quitarse la ropa. La intimidad ha sido violada por cada uno de nosotros. Hemos renunciado a lo privado: somos exhibicionistas con gabardina ante las puertas del mundo. Las redes sociales –en las que reina la gastronomía con plumas de pavo real– nos han penetrado hasta el tuétano. El primer impulso es pensar que somos activos –obsesivos– en busca de la gratificación inmediata. Colgamos una receta o la foto del plato de un restaurante a la espera de la reacción instantánea de los seguidores. Chuchos con la lengua fuera reclamando el premio. ¿Dónde está mi galletita? Si las adhesiones – me gusta , retuits,  likes —no llegan, ¿qué hay que pensar? ¿Somos impopulares? ¿No atinamos con los gustos? En el futuro se adivinan sesiones de terapia para desamparados. Las redes son tam-tam de solitarios. Saciados de que nos rasquen la cabeza, de las alabanzas, con el yo masajeado y obeso, saquemos provecho de las millones de aport...

Los 'gatoboes'

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                                       Un banquero atiende a un cliente. LLUVIA.  François Hollande ,  empapado el día que lo bautizaron como presidente de Francia. ¿Qué significa? Las gafas empañadas ,  cataratas en los ojos ,  la chaqueta aguanosa ,  la camisa chorreante ,  la corbata como el tobogán de un parque acuático. No era necesario dejarse azotar. Alguien inventó los paraguas para contener el agua y mantener la dignidad a cubierto. ¿Buscaba esa imagen de buzo con traje o de suicida rescatado del Sena? ¿Por qué? ¿Qué quería explicar a los ciudadanos? ¿Que defendería el país sin chubasquero ,  a pecho calado? ¿Que un chaparrón no lo amedrentaba? Ha demostrado mantener una accidental relación con los fenómenos meteorológicos pues en el viaje a Berlín un rayo (¿la ira de Merkel?) impactó en el avión. VERSO.  Aplaudiendo a...

Muerte y resurrección de Bocuse en medio día

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Rosa Rivas lo ha perdigueado y lo explica con detalles: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/06/05/actualidad/1338916899_534870.html Twitter puso al octogenario Paul Bocuse bajo la cruz de la T y lo dio por muerto y enterrado. Si esperan un poco más la biología les dará la razón: el cocinero tiene 86 años. Antes o después será verdad. Algún periodista profesional con una guindilla en el culo quiso ser el primero en vocear la luctuosa primicia y hoy sigue escociéndose. No es culpa de twitter: es culpa de los periodistas pésimos. Twitter da prisas, embriaga y acelera y, por tanto, invita a ser peores, menos cautos, más kamikazes. Pero continúa siendo nuestra responsabilidad que lo escrito no sea vómito o vertido. ¿Y Wikipedia? Padece los mismos defectos que la red social: la urgencia y la disipación de la responsabiliad y el rigor. La premura sin necesidad. Porque, ¿era imprescindible dar la puntilla a Bocuse sin estar al 100% seguros? Estuvo en coma digital durante med...