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Mostrando las entradas etiquetadas como XL Dominical

Fran Lebowitz, un disparo de madrugada

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[Publiqué este texto –dos entregas– en la revista XL Dominical en febrero del 2021. Tusquets acaba de sacar a la venta  Un día cualquiera en Nueva York , la fusión de Vida metropolitana y Ciencias sociales ]                                                                         I   Escuché alabanzas sobre un documental que alojaba Netflix y que trataba, básicamente, sobre una mujer mayor que hablaba sin pausa sobre Nueva York, en una mini serie dirigida por Martin Scorsese, y cuya verborrea estaba hecha de ácido sulfúrico: Fran Lebowitz. ¿Fran Lebowitz? Antes de sentarme ante la pantalla y escuchar el corrosivo discurso, salté a la biblioteca en busca de un título olvidado: Vida metropolitana . Ese apellido n...

El inquilino de la embajada // #CuentoTallaS

Homogeneidad. Hacía tanto que Frederic había llegado a la embajada de aquel país del sur que la percepción del tiempo estaba averiada. ¿Un año? ¿Dos, tres? ¿Cinco, ocho? Tenía que repasar el calendario y buscar la fecha exacta del ingreso en el palacete en el barrio de las embajadas, con la gran bandera del país envolviéndolo con su protección. Era un día que, por su trascendencia –y consecuencias–, jamás debería haber olvidado, pero lo hizo por culpa de la homogeneidad de las jornadas. Cibernético. No le dio importancia al momento en el que entró porque, con el sencillo y cotidiano gesto de cruzar una verja, pensó que su estancia sería breve. Jamás creyó que transcurriría tanto tiempo, que se perdería todo lo que merecía ser celebrado con la gente a la que quería. En el instante de pasar no había sentido histórico ni predeterminación, sino un simple acto de supervivencia. Perseguido por los servicios secretos del país más arrogante del mundo, y por los jueces de otra naci...

Entrena como dios // #CuentoTallaS

Malla. Los padres de Rocky fueron propietarios de un afamado gimnasio en los años 80, celebrado en la barriada, donde las mujeres, y muy pocos hombres, coloreaban los tobillos con calentadores  y las frentes, con bandas elásticas con textura de albornoz. También guarnecían las muñecas con el mismo material y el conjunto no difería del de un paquete asegurado por distintas partes con cinta americana. Música de películas como Flashdance e instructores con bigotes y mallas fucsia tan apretadas que daban apariencia a los muslos de jamón cocido. Sesiones de aerobic con las coreografías aprendidas en los programas de la tele mañanera y en los vídeos beta , que se podían encontrar en la, entonces, masiva red de videoclubs, tejedores sociales, constructores de comunidad en aquellas aglomeraciones urbanas que hasta entonces habían tenido el bar como principal punto de encuentro. El videoclub y el gimnasio eran los lugares más modernos del barrio, por donde entraban las tendencias de...

'Fuck news' // #CuentoTallaS

Logística. Cuando a la hora del desayuno su marido preguntó a Adela qué tal había dormido, ella respondió que fatal, que había tenido pesadillas y que en algún momento de la noche el colchón la incomodó como una cama de faquir. El hombre le dijo que lo sentía, le sirvió un café con leche, le dio un beso y llevó a los niños al colegio británico –que alborotaron un rato en torno a la madre resistiéndose a la partida–, primera etapa antes de comerse el alquitrán de la autopista que unía la urbanización con la ciudad y el hospital donde trabajaba. Vivir en el campo obligaba a dos coches y a una logística resuelta con elaboradísimos cuadros que colgaban con imanes en la nevera. Adela miró ese folio atiborrado de información, mientras soplaba la taza del café con leche. ¿Por qué había inventado lo de la noche naufragada? Su sueño había sido perfecto, pero soltó lo contrario al ser interpelada. Rabia. En el coche –con el desayuno abrasando el esófago y las tertulias de la radio, l...

El mejor trabajo del taxidermista // #CuentoTallaS

Plumero. El taxidermista estaba más que satisfecho con el trabajo. Había disecado un gran número de cadáveres  y sus clientes siempre elogiaban la vivacidad de aquellos seres inertes. El reto principal era borrar la muerte, batirla con ceras, ojos de cristal, colmillos y espumas. Dominaba los productos industriales y tenía la rara virtud de combinarlos de forma que el resultado volvía a ser orgánico. Se consideraba a sí mismo un artista y detestaba a la mayoría de los colegas por la incapacidad  de dotar de energía a la materia inmóvil. Más que competencia o rivales, los consideraba vulgares fabricantes de plumeros. Miró de nuevo la pieza, apreció el fulgor de los ojos, la virilidad y apostura del rostro, tocó la piel y se recreó en la suavidad y casi llegó a convencerse de que notaba las palpitaciones. Se felicitó por el fichaje del especialista en vestuario: realmente había elegido las prendas adecuadas. Parecía como  si estuviera a punto de alcanzar la velocida...

Yo no soy machista // #CuentoTallaS

Masajear. Yo no soy machista. Soy galante. No dejo que las mujeres paguen cenas o copas. Siempre abro la puerta para que ellas pasen primero. Y las piropeo, claro que sí: qué guapa, qué buen cuerpo, qué buenas piernas, qué morenaza, qué rubia. ¿Les incomoda? De ninguna manera: lo agradecen. A las mujeres les gusta que les digan cosas bonitas. También las toco, y lo hago con estilo, eh, nada de sobeteos zafios. Les pongo la mano en el brazo o en la rodilla para establecer intimidad y cercanía, les acaricio el pelo, o la mejilla. ¡Me encanta masajearles el cuello! Me gusta comunicarme y para eso es necesario el contacto humano. ¿Qué eso está mal? Pero qué dices. ¡Pocos hombres tratan a las mujeres mejor que yo! Culo. Yo no soy machista. Es verdad que cuando nos reunimos los amigotes hablamos de las tetas de esta o aquella, de cómo nos las trincaríamos, de qué les haríamos. Solo es un pasatiempo entre colegas, algo inocente, sin mala intención. Para echar unas risas mientras to...

Presidente Y, el reformador // #CuentoTallaS

Plomizo. El presidente Y se veía a sí mismo como un reformador. El recorrido para capitanear el consejo de ministros había sido largo y en ese camino –con tantas chinas en los zapatos que a veces reunía más piedras que dedos– había abrasado a los amigos, la familia e incluso a las mascotas, como aquel caniche que escapaba en cuanto veía su sombra y el pez ángel que se ocultaba en un atolón de la pecera cuando pasaba cerca. La suya era la estrategia del hastío: era el más plomizo de entre todos los aspirantes y, por tanto, el más persistente. Dinámico. El persistente Y, antes que presidente Y, se ensanchaba y fijaba como la mancha de aceite en la camisa: imposible hacerla desaparecer. Aburrió a los que le disputaban la dirección del partido, a los candidatos a la presidencia de los otros partidos y a los electores, que le dieron los votos por pesado, para que se callara. Escuchar sus mítines o los debates televisivos había sido peor que soportar todos los sermones de todos l...

Entra una jirafa y sale un hipopótamo // #CuentoTallaS

Voltio. Cuando Titus entró en el bufet libre estuvo seguro de que era el paraíso en la Tierra antes del pecado original, y con cocineros. Le había llegado a las manos un flyer con colores chillones y titulares con muchas admiraciones: “¡¡¡Coma hasta reventar!!! ¡¡¡Pague 20 euros y coma por 100!!! ¡¡¡El mayor bufet de la ciudad!!! ¡¡¡Entra una jirafa y sale un hipopótamo!!!”. Electricista de urgencias, se ganaba mejor la vida que un médico a domicilio. Solo por desplazarse cobraba 50 euros: el coste final de la chapuza doblaba esa cifra. Devolver la luz a una casa no tenía precio, decía a modo de justificación por las tarifas abusivas. ¿Qué hacía un médico volante?, ¿recetar un jarabe?, argumentaba con desdén. Dependíamos tanto de la electricidad, según su parecer de filósofo del voltio, que un día sin ella no solo era incómodo y caro (adiós víveres del frigorífico), sino que nos entregaba al miedo límbico (eso lo había leído en una revista de divulgación científica en la barbería ...

Los Normal // #CuentoTallaS

Pescadería. Los Normal eran una familia normal: Padre Normal, Madre Normal, Hija Normal e Hijo Normal. Vivían en un piso normal de un barrio normal de una ciudad normal. Padre Normal era cajero de un supermercado y Madre Normal, la encargada de la pescadería, algo que molestaba al primero porque cobraba más  y estaba mejor considerada en la empresa  (pero que no confesaba a los más íntimos, todos muy normales también, ni siquiera después de algunos gintónics azuzadores). Estrambótica. En casa, Madre Normal llevaba el peso de las tareas, por lo que simpáticamente era conocida como la Jefa, argucia de los otros tres –Hija Normal se escaqueaba menos– para no dar ni golpe. De forma simbólica, Padre Normal se reservaba la preparación del arroz de los domingos, no así la compra de los ingredientes, de lo que se encargaba, cómo no, la mujer. De manera invariable abordaba la tarea dominical con la estrategia de un general napoleónico, moviendo grandes cantidades de mater...

Tócame, no me toques // #CuentoTallaS

Sauna. En la familia de Fran siempre habían sido “muy tocones”, en expresión de la abuela. “Cálidos”, prefería la madre. “Cercanos”, concluía el padre. El contacto era frecuente: se besaban porque sí, porque se querían, porque esa era la manera de expresar el amor con lenguaje no verbal. Se hacían caricias, se achuchaban. Fran y sus hermanos y hermanas habían crecido en esa sauna de las relaciones personales. La proximidad entre los cuerpos era infrecuente en un gran número de familias. Fran sabía de muchas en las que los padres y los hijos nunca se rozaban, que mantenían una distancia administrativa. En su opinión, la gelidez emocional impedía la confianza, mucho más importante para los vínculos que la sangre. Renunciar a la intimidad del roce era comenzar a distanciarse. Cuando padres e hijos dejaban en paz las mejillas de los otros, las familias comenzaban a morir. Carrillo. Labios y carrillos se encontraban antes de salir de casa y al regreso. Se masajeaban los pies mi...

Sé el rey de tu isla // #CuentoTallaS

Megarrico. El sueño de un millonario es ser el propietario de una isla. Poseer un avión, coches de colección, un ático en Manhattan, una villa en Cannes, una casa en Londres es posible porque aviones, coches, áticos, villas y casas hay miles y miles. Pero ¿cuántas islas salen a la venta y cuántas de las disponibles están al alcance de un millonario, alguien que es rico pero no superrico, megarrico, ultrarrico? Adam quiere una isla para ser soberano: es lo que más ha deseado desde la infancia. Le parece más sencillo conseguir una isla que un país, le parece más fácil reinar en una isla que en una nación, prefiere ser el señor de una isla que pagar una revolución en una república pobre y apartada para que derroquen al Gobierno y lo declaren a él, a un extranjero sin vínculo con el territorio, el monarca legítimo. Chatarrería. Cuando una mañana en el despacho-pecera de la City, una de las últimas plantas de un rascacielos de cristal decorado por las gaviotas del Támesis y su...

El gen benefactor // #CuentoTallaS

Espectro. Andrea había nacido para ayudar. Al menos, ella pensaba eso: que en su ADN existía el gen benefactor –entre admiraciones azules y círculos rojos: así lo imaginaba–. En su opinión, lo que agrietaba el mundo era la falta de solidaridad y ella combatía el déficit general con la disponibilidad permanente. No siempre fue así: hasta la adolescencia había sido como la mayoría de los niños, una dictadora con dos leyes: yo y mío . Los padres y los maestros, poseídos por el espectro de lo correcto, intentaron hipnotizarla con el verbo compartir , si bien la sugestión desaparecía cuando otro niño o niña le disputaba sus pertenencias, o ella ambicionaba las de los demás. Al crecer y desarrollarse, el dormido gen benefactor se despertó –según su análisis– y se movió con un golpe seco y violento, chocando con los demás genes como la bola blanca dispersa las otras sobre el tapete verde. Virginal. Pensó en convertirse en solidaria profesional –en empleada de una ONG, por ejemp...

La pereza del ministro // #CuentoTallaS

Trascendencia. Era el ujier más viejo del ministerio: era más viejo que el propio ministerio, trasladado hacía un lustro a un edificio funcional, sin techos altos, pasillos con más kilómetros que una autopista, estatuas de bronce de próceres cuyo nombre ya nadie recordaba o gigantescas lámparas con las lágrimas endurecidas. Perdieron en trascendencia, pero ganaron en dignidad: funcionaba la calefacción y el aire acondicionado y los ventiladores tercermundistas fueron arrinconados a un sótano en compañía de obsoletas pantallas de ordenador, sillas de oficina deslomadas o con insuficientes ruedas y aquellos archivadores metálicos de color gris que ni siquiera las repetidas oleadas de recuperación de lo vintage salvaban. El ujier se preguntaba el porqué de la manía de guardar lo inútil y averiado y solo la mala conciencia de los gestores, tan manirrotos con lo público, le resultaba un argumento convincente. Derrochaban tanto que compensaban el abuso con una aspiración de recicla...

Mi mejor amigo // #CuentoTallaS

Estibador. Fran era cautivador. Manejaba la simpatía como los estibadores la maquinaria pesada: con seguridad y firmeza, y la certeza de que había que valer para aquello. Se había ejercitado desde niño en las artes de la sonrisa. Cuando levantaba la comisura de los labios lanzaba un lazo. Mujeres y hombres quedaban atrapados igual que el ganado vacuno en los rodeos. A diferencia de los terneros, que mugían aterrados, sus víctimas sonreían mientras, inmovilizadas, les anudaba las pezuñas. Era un atento profesional, que nunca descuidaba un elogio, que alababa retoques de pelos y de barbas, que recordaba fechas de cumpleaños, que abría puertas con la dignidad de los mayordomos. Asepsia. El modo de existir de Fran era la cordialidad, aunque calculaba cada acción con la asepsia del contable. Cuando pretendía conseguir algo, multiplicaba las atenciones sobre el objetivo, que se sometía a su voluntad con una satisfacción y entrega que siempre lo asombraban. Por más triunfos qu...