Capturar una mosca // Un placer exprés
El gusto de atrapar un insecto en el aire Estás tumbado en verano soñando la inmovilidad. Para soportar el calor hay que interiorizar la actitud de la estatua. Cuerpo pegajoso y goteante: esa es la realidad por más que quieras confundirte con el mármol, o con el acero, que es más frío. En casa, en la penumbra que sirve de telón y crisálida, vuelan las moscas (elefantes) y los mosquitos (tigre). Escuchas el zumbar como si un helicóptero se aproximara a las orejas. Es molesto, pero, de momento, solo invaden el espacio auditivo. Uno de los dípteros planea sobre la piel. Tienes los ojos cerrados, aunque notas el contacto. Las patitas son una caricia no deseada. Llegan otros. Los insectos se alternan en sus despegues y aterrizajes. La actividad, acompañada de sonido, es continua. Descansar es imposible durante esas operaciones de portaviones. Al final te incorporas y comienzas la cacería. Quieto, con la respiración sosegada, esperas que una mosca se pose en ...