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Mostrando las entradas etiquetadas como Emilio Rojo

Restaurante Al Kostat // Barcelona

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Al Kostat, o la cara relajada de Alkimia, donde Jordi Vilà ofrece alta/cocina/popular coherente y y juguetona. Comida con carga sentimental: bebemos con Emilio Rojo (Quim Vila y un servidor) un mágnum en honor a Julia, que saldrá a la venta en octubre. Julia ya no está, y ese vino será eterno. El pollo cubista: cuello relleno y las patatas fritas, los tomates y la cebolla al 'cop de puny', el 'nigiri' a la catalana (¿más sal en el pan con tomate?), los macarrones, el gazpacho, la croqueta César, el flan...

Restaurante Els Pescadors // Barcelona

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Els Pescadors Plaza de Prim, 1. Barcelona T: 93.225.20.18 Precio medio (sin vino): 50 € La bendición del Sant Pere El pretexto es la apertura de la primera botella del ribeiro Emilio Rojo 2016, privilegio que se resuelve con una comida a tres con el propio Emilio como activo protagonista y comensal poco tensionado. Él come poco y habla bastante; escucharlo es siempre un placer inteligente, y surrealista. Emilio ha viajado en tren desde Galicia con esa botella única, que de nuevo ha resultado esplendente. Estábamos seguros de que el blanco se encontraría a gusto entre los habitantes marinos de Els Pescadors, como así ha sido. Els Pescadors atracó en la coqueta plaza de Prim en 1980, ocupando una taberna de la que sobreviven las mesas de mármol y los bancos de madera. Un reloj de pared recuerda con un sonido antiguo que el tiempo pasa y los placeres se achican. Dong-dong. Han abierto ya la terraza, que los buscadore...

(Emilio) Rojo es un gran blanco

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Tiene apellido de tinto, pero lo que elabora Emilio Rojo es un blanco extraordinario. Nacido en Arnoia (Ourense) en 1952, es uno de los mejores bigotes de la viticultura, hombre de verbo con meandros, tertuliano rural en el que deberían fijarse las emisoras de radio. Probar la añada del 2015 es un privilegio. Saldrá a la venta en abril, si bien Emilio ha envasado alguna botella para las catas iniciáticas. Tostados en nariz y cuerpo ondulante en boca. Uno de esos vinos que no cansan, sin artificios: solo naturaleza. No es sexo: es amor. En 1987 elaboró 6.000 botellas. Hoy son 5.800. Este hombre tiene menos vista comercial que un pez de los abismos. Dejó el trabajo como ingeniero de Telecomunicaciones para comunicarse con una pequeña viña. Su padre le dio un consejo: "Vino puede hacerlo cualquiera. Mira que hay que vender". Y vender, lo vende todo. Los conocedores van tras sus escasas botellas como perdigueros. Los distribuidores tienen cupos. El que más, 60 caja...