Un árabe, un helicóptero y Bill Clinton
Nunca pensé que cenaría a un metro y medio de Bill Clinton. Tampoco que llegaría a Nueva York en un helicóptero junto a dos pijos treintañeros ni que un hombre con chilaba estaría recibiendo auxilio médico en el helipuerto justo antes de que nosotros partiéramos. Parece una historia descabellada pero es una sencilla concatenación de hechos. Había viajado a la Gran Manzana –qué nombre tan ridículo– para pasar unos días con el cocinero José Andrés, que acababa de inaugurar el multiespacio gastronómico Mercado Little Spain con los hermanos Adrià. Dada la hora a la que aterrizaba y al punto al que iba –ese nuevo barrio llamado Hudson Yards, con seis rascacielos, y que se ha convertido en la ultimísima operación inmobiliaria de Manhattan al colonizar antiguos almacenes ferroviarios– me aconsejaron que volara en helicóptero desde el aeropuerto JFK, algo que me llenaba de inquietud y calambres después de ocho horas encajado en un avión. Fue llegar al ...