La Mesa Viva del restaurante Disfrutar // Barcelona







La Mesa Viva del restaurante Disfrutar, la casa de Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas, está en el extremo de la exhibición aparatosa, las proyecciones, la aromaterapia gastro o la sinestesia. Es sencillamente la expresión más moderna de un rito antiguo: tocar, comer, emocionarse. No hay artificios, no hay lucecitas.

Todo comenzó en el 2017, con la propuesta de la diseñadora Merche Alcalá de crear una superficie con cajas, como un secreter horizontal, donde depositar comida a modo de ofrenda.

Los chefs de Disfrutar han tardado en destaparla, disimulada en la cocina de creatividad, en el subsuelo del establecimiento de la calle de Villarroel, el quinto mejor restaurante del mundo, a juicio de votantes especializados en una ronda mundial.

48 cajas, de las que 36 tienen sorpresa. Acceder a la Mesa Viva no es sencillo: por precio (350 euros por persona) y por demanda (cuatro clientes en turno de mediodía y noche).

La comida o la cena al completo se lleva a cabo sobre un mantel blanco, que oculta lo que solo se desvelará al final de la sesión.

La mayor mesa de postres, heredera inmóvil de aquellos carros dulces. Una caja gigante de 'petit fours'. Que suene la música clásica.
















Disfrutar, octubre del 2021

















































                                                                                            


                                                                                        



Los vinos desalcoholizados






                                                                            































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