El restaurante Indochine ha cerrado: el tigre llora / Febrero del 2026
Ly Leap ha dicho adiós. Una parte de Ly Leap ha quedado herida.
Ha cerrado el Indochine de la calle de Muntaner después de 18 años. Abrió en diciembre de 2008 y apagó las luces la madrugada del sábado 28 de febrero de 2026. Miles de servicios entre orquídeas.
Ha trasladado los peces cometa y las carpas koji que nadaban, sombras rojas y doradas, por los canales que regaban la selva, con los clientes sentados en la espesura como si estuvieran de pícnic entre palmeras y mangos, sin más peligro que el de algún plato picante o un baño accidental.
En la jungla del Eixample podía saltar un tigre, aunque no había que temerlo: era una salsa que acompañaba los cortes de vaca vieja. El Tigre que Llora es el nombre.
Ha desmontado la emblemática y central casa flotante tailandesa, cuyo destino será la vivienda que ha adquirido en el Maresme, y que restaura. Un montón de maderas que tal vez un día recuperen la forma.
Especializado en el Sudeste Asiático, Indochine fue uno de los restaurantes más deslumbrantes de Barcelona y apenas quedará rastro: los siguientes ocupantes de los más de 700 metros cuadrados le han pedido que les deje la barra de tamarindo. Supongo que tampoco moverá la roca de 2.387 kilos. ¿Para qué?
Invirtió “cerca de tres millones de euros”. Le cuesta decirlo. Pero ¿qué importa cuando aquella locura es un recuerdo agripicante? “Estoy medio loco, sí”. Está medio loco de dolor, aunque liberado. Han pasado cosas, explica algunas. El Tigre que Llora.
“Cierro para dar un paso al lado. Para descansar. Para coger fuerzas. Estoy quemado de estar pendiente del trabajo 24 horas. Indochine no ha sido un restaurante con el que ganar dinero, sino con el que compartir una luz. He vivido, he ganado, he perdido. He llorado mucho. Seguiré llorando”. El Tigre que Llora.
Donde estuvo el Indochine habrá “un bufet chino”. Qué ironía. Cuando Ly llegó a Barcelona vía París se hizo el chino: el único modo de encontrar trabajo en un restaurante.
Nació el dos de febrero de 1962 en Kompung Cham, en Camboya, de cuya guerra huyó con la familia. En París fue estudiante de medicina, currito en un despacho de abogados, costurero. Es más cosas: también florista. Cocinero, por supuesto. Lo conocí en 1998 cuando recogía medicamentos para una ONG.
En noviembre decidió el cierre de Indochine de Muntaner, que ha sido el gran logro, la máxima ambición: sigue abierto el pequeño Indochine de Aribau y el Gyoza House.
Indochine ya no existe, ni el último menú, que Ly nunca emplató de forma general, que cocinó para unos pocos en una despedida íntima. La croqueta de curri. El cerdo ibérico semi caramelizado con fideos crujientes. El pollo macerado con citronela y mango. El bocadillo (‘bánh mì’) con pluma ibérica. El curri indio y el curri ‘thai’ con gambas.
La vaca vieja con citronela, galanga, jengibre, pimientos picantes. Es la salsa el Tigre que Llora.











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