Que piensen los pies // #CuentoTallaS
Mermelada. Merche se enorgullecía del doctorado en Bioquímica y de ser la investigadora principal y directora de un departamento universitario, si bien ningún título le servía para aliviarle el desconcierto que arrastraba desde la infancia: no distinguía la mano derecha de la izquierda. Cada vez que estaba a punto de usar una u otra se detenía y pensaba. A menudo no recordaba si el cuchillo se cogía con la derecha y el tenedor, con la izquierda, o si era al revés. Cuando le sucedía eso, notaba el tiempo espeso y rojo como la mermelada de fresa: ella, con los dos instrumentos en el aire, paralizada, decidiendo cómo atacar el filete. Notaba las miradas incómodas de los demás comensales –aunque nadie se percataba de las intenciones y del acto dubitativo– hasta que bajaba las manos esperando que el cerebro activara el modo rutina y supiera qué hacer. Pedal. Algo similar le ocurría al conducir. Si no pensaba en los pies, estos se movían sobre los pedales según lo enseñado muc...