Restaurante Nelumbo // Barcelona






























Nelumbo
Aribau, 32. Barcelona
T: 93.152.39.67
Precio medio (sin vino): 20-25 €
Menú mediodía: 13 €


Para sudar a gusto


Conocí a Ly Leap como cooperante de una ONG en 1998 cuando ambos hacíamos la calle: uno como cronista urbano y el otro como recaudador de fondos para comprar medicamentos con destino a Guinea-Bissau. Mucho más tarde supe de él como cocinero y ante una sopa 'tom yum' en el primer Indochine, en la calle de Aribau, cuando ya era demasiado tarde para decirle que picaba en exceso. He vuelto a sudar con un curri verde en Nelumbo y Ly se ha reído con los ojos: «¿Qué quieres? Es un curri».

Estoy a favor de la cocina-que-se-transpira porque comer es un acto físico y liberador. El curri no era excesivamente ardiente y no he tosido como si quisiera expulsar un demonio, exorcizante situación que sufrí en Sampurna, indonesio de Amsterdam.

Nelumbo es el último restaurante de Ly, de 56 años, una década después de adentrarse en el bosque con el Indochine de la calle de Muntaner, uno de los espacios más espectaculares de Barcelona (podría patrocinarlo el Zoo por la salvaje reproducción del ecosistema) y que casi lo dejó en calcetines.

Recuperado, ensaya la comida asiática callejera 'indoor' en este comedor amplio con los woks a la vista. «Platos populares y familiares. No quiero liarme con los emplatados», se relaja. Fritos, pinchos y curris de primera, sin adornos.

La falta de convicción del servicio es un incordio a resolver y a la carta de vinos le falta intención, botellas y copas grandes. Bebo La Locomotora 2014, tinto al que le cuesta arrancar, aunque después pita. Las burbujas –el cava y la cerveza– envuelven bien la cocina intensa.

Tanda de crujientes con pasta 'brick', frituras limpias y recién hechas y salsas ácidas y agridulces: saquito con cerdo y hierbas, rollo 'thai' con gambas y verduras, 'nem' de cerdo con vegetales (hoja de lechuga poco envolvente) y langostino 'siam' con sésamo. Buenos-buenos raviolis (masa propia), un mar y montaña con dos texturas, suave y crujiente. Jugosos fideos de arroz con coco que ya había comido en el Indochine de Muntaner entre carpas y orquídeas.

Propone un juego: construye-tu-plato. Obleas de arroz y, por separado, langostinos, lechuga, fideos y soja. ¡Atención los torpes: cerrad bien, que el relleno se derrama! En algún restaurante japonés también proponen el hazlo-tú-mismo con las hojas de nori, el llamado 'temakizushi'.

Ly toca las carnes con precisión: en los dos Indochine –y en Nelumbo– he probado unos cuantos pinchos y ninguno correoso. Esta vez son dos: cerdo con verduras fermentadas y pollo 'satay'.

Termino con la ternera con cebolla y pimienta, un chisporroteo que ha recuperado después de 30 años, cuando era un chef bisoño y trabajaba en un restaurante chino de la ciudad y comenzaba a asentarse tras la vida azarosa –y no exenta de peligros– que lo llevó de Camboya a Barcelona pasando por París. En proceso de renovación, no sabe qué hacer con el Indochine original, el de Aribau. ¿La misma carta que Nelumbo o una cocina china clásica?
Para recrear la ternera sazonada ha comprado platos-plancha parecidos a los de entonces –aquellos los trajo de Francia– y no sé si en ese ejercicio hay autorreconocimiento, nostalgia o el último empeño por detener el tiempo.




LO+

El buen punto de las carnes, los fideos con coco y los raviolis.

LO-

La carta de vinos y el servicio, amable pero algo perdido.


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