Petit Comitè: Carles Gaig releva a Nandu Jubany















Carles Gaig ha cumplido los 73 años y piensa seguir librando batallas: se hace cargo del Petit Comitè, en el céntrico pasaje barcelonés de la Concepció, hasta ahora en manos de Nandu Jubany y cuyo primer cocinero fue Fermí Puig. Es como en los relevos: el testigo de la gran cocina catalana pasa de mano en mano.

Gaig y Jubany son íntimos amigos y en el pasado ya compartieron proyectos, como el que tuvieron en un hotel de Andorra, y hace solo tres semanas volvieron a confluir los caminos profesionales. Lo cuenta Gaig: “Buscaba un local en el centro de Barcelona y Nandu está desarrollando unos proyectos muy potentes en las Baleares y necesitaba desplazar equipos”.

Ayer era el Petit Comitè de Jubany; hoy, este mediodía por primera vez, es Petit Comitè/Gaig Barcelona, que dirige Fina Navarro, la 'mestressa', como la nombra el chef. Los clientes que tenían reservas han sido informados. El espíritu es el mismo: cocina catalana tradicional con el refinamiento gaigniano. En precio, en torno a los 50-60 euros. Como conexión, la coca de fuagrás caramelizado de Jubany, que queda en la carta a modo de homenaje.

La segunda parte del nombre es importante: Gaig Barcelona. Desde hace más ¡de 150 años!, el apellido está enredado con lo más íntimo de la ciudad: primero, la celebérrima fonda de Horta, transformada luego en restaurante con estrella, trasladada a continuación al Hotel Cram y con un 'spin-off' de nuevo bajo el acogedor nombre de fonda en la calle de Còrsega. Mucho movimiento, mucho lío. También tuvieron plaza durante un tiempo en el aeropuerto.

La penúltima aventura de Gaig y Fina Navarro es en la Cerdanya, al frente de la Torre del Remei. Nunca se fueron del todo de Barcelona, donde dejaron como retén el establecimiento Gaig a casa, y siguen con un pie en Singapur, con Gaig Singapur, asociados con la hija, Núria.

Si le hablas a Gaig de jubilación le salen rayos de la mirada: “¡Me da pánico la palabra jubilación! Es como decir: ‘Este autobús, a la cochera’. ¡No! Paso las ITV y tengo la salud perfecta”. “Costó salir de Horta, pero después ya no hemos parado”, sigue. No es un autobús, es un coche clásico con el motor renovado.

Enumera los platos, también a modo de biografía. Cuando los cuenta, se cuenta a sí mismo: 'xató', sesos, morro de bacalao, fricandó, canelones, macarrones de cardenal (¡de Papa de Roma!), arroz de pichón y 'ceps' o 'peus de porc' rellenos de confit de pato, rescatados de Horta, de aquellos días en los que un cocinero llamado Carles Gaig comenzaba una larga carrera, en la que aún sigue.



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