Obama hace 'guac'




Allioli de aguacate, imagen del recetario Hecho en casa (ediciones B, 2013).







TIC. El tertuliano comienza la frase, más o menos: “Varias cosas. Primera...”. Nunca hay una segunda, o una tercera. Es un tic: como hablar sin saber, como enredarse en la telaraña retórica, como impedir que el otro (que dice: “Varias cosas. Primera...”) pueda expresarse, segando su discurso con hachazos verbales.


OPTIMISMO. Una editorial ofrece entrevistas con uno de sus autores, de profesión, tiendólogo. Alguien que, según la nota de prensa, “¡lo sabe todo de tiendas, rebajas y ventas!”. Entre admiraciones. Me encanta el optimismo de las palabras inventadas.


HUESO. Los paleoantropólogos –a menudo, filósofos de los huesos– aseguran que cocinar nos hizo humanos. También enterrar a los seres queridos. El rito funerario es una forma aparatosa de despedida. Decir adiós es mucho más sencillo.


PISCINA. Un domingo por la mañana en una piscina municipal. Es aquí donde se advierte el florecimiento, con sus espinas, del negocio del tatuaje. En la playa, el número de entintados es el mismo, pero el apelotonamiento en el agua clorada produce un efecto multiplicador. Por cada dibujo artístico hay diez chapuzas. Algunos parecen hechos con la punta del compás. Elegir un mal tatuador es peor que elegir un mal dentista: el destrozo queda a la vista y la aguja ha perforado sin anestesia. Solucionarlo es entregarse de nuevo al dolor. Esa multitud de hombres y mujeres con los cuerpos agujerados entretienen a los hijos, algunos, bebés. La dulzura discrepa de la violencia que emana de sus pieles.


NICOTINA. El recordatorio del funeral de Juli Soler, socio de Ferran Adrià en El Bulli y personaje fundamental de la gastronomía de entresiglos, es el mejor que he leído, y el único que guardaré: “Juli dejó de fumar el 5 de julio de 2015”. Un humor nicotínico. Escandalizarse con esta frase es conformarse con lo fácil. Si en lugar de la lengua de los Rolling Stones como ilustración se elige a un santo y se transcribe una frase de Paulo Coelho, ningún espíritu se sobresalta. Lo poco convencional es aún castigado con mohínes de horror.


GUACAMOLE. Ocioso, Barack Obama ha participado en un polémica con humo pero sin fuego. El guacamole ¿puede llevar guisantes? Fue una crítica gastro de The New York Times la que ofreció una receta del icono mexicano mezclado con la leguminosa. Razonó que aportaba dulzura y fijaba el verde. Twitter, la marabunta, la corrió a vainazos. Obama participó, negando al aguacate la compañía del guisante: Onions, garlic, hot peppers. Classic (cebollas, ajo, chiles). Guac, lo llamó, en lugar de guacamole: la abreviatura es peor que lo del guisante. Lo del ajo es discutible. ¿Y el cilantro? ¡Si Obama nació en Honolulu!


GUAC. Grandes cocineros de México aliñan sus guacamoles con irreverencias: chicharrón, mango, granada, grano de maíz, sésamo, queso, aceituna. ¿Algo que decir, Obama? “¡Guac, guac!”. No he probado el guisante con aguacate y me disgustaría estropear los dos ingredientes, fabulosos por separado. Nada habría pasado si hubiera sido un mexicano el promotor de esta boda vegetal entre verdes














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