Nevera de hielo







DEDO. Cuando me dio la mano noté que le faltaba un dedo: algo no encajaba.


SORDO. Sonó el interfono de casa: “¿En este bloque de vecinos hay algún sordo, algún vecino que hable con las manos?”. La mujer lo decía a gritos. El mensaje era raro e inesperado. Ningún sordo en la escalera. La señora que hablaba desde la calle: ¿vendía algún producto especializado o buscaba a una persona concreta en el vecindario e iba voceando al azar?


ELECTRODOMÉSTICO. Vivimos conectados a los electrodomésticos. Solo recordamos la intensa relación en el momento en el que se estropean. Es entonces cuando nos damos cuenta de su existencia, de cómo dependemos de ellos para el bienestar.


LAVADORA. El grado de importancia que otorgamos al objeto no tiene relación con la servitud, sino con la dependencia. Sustituir a la lavadora o al lavavajillas es invertir tiempo bajo el grifo, volver al fregoteo y a la espuma.


NEVERA. La nevera es otra cosa. La nevera es el centro de la cocina. En un contexto industrial como en el que vivimos, la idea de alimento fresco tiene más que ver con la temperatura de conservación que con el tiempo que ha pasado desde la muerte o recolección del ingrediente hasta que llega a la mesa.


CHALECO. El chaleco, de mayor, quiere tener mangas.


HIELO. Mi nevera ha dejado de funcionar: aún no se si es fallecimiento o hibernación. El técnico promete venir, aunque no de inmediato. Se le apremia, claro. Todos lo hacen. No hay ocio en el sector de las reparaciones. Mientras aparece el hombre de la caja de herramientas hay que salvar el estómago de plástico: los alimentos pronto cambiarán, las bacterias se saludarán las unas a las otras. La primera alerta llegará por la nariz. ¿Solución? Regresar a la nevera de hielo. Llenar tápers con cubitos para mantener la temperatura. De repente, ciudadanos del siglo XXI, somos nuestros abuelos, con un oh en la cara –cara de vaho– alelados por las barras de hielo. La modernidad era, entonces, la fábrica de hielo y la fábrica de gaseosas. Nuestro enorme cacharro de patente alemana es el ataúd en el que hemos enterrado la tecnología.


GOMINA. El pelo engominado es una trampa para moscas.


INTERMITENTE. El guiño del intermitente del camión es equívoco: no te pide que te acerques, sino lo contrario; que no te propases.


MOSTAZA. El verde del aguacate dice: comer esta permitido. El amarillo de la mostaza: se permite comer con limitaciones. El rojo del chile: prohibido comer.


SINTECHO. Al entrar en el cajero automático para sacar dinero veo unos cartones y, encima, una bolsa. Están colocados en un lateral de la máquina, ordenados. La cama y los enseres de un sintecho. Este espacio enemigo –el banco– es, paradójicamente, su casa.











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