Que vuelva la pizarra (y el sentido común a las vajillas)









Siempre he detestado las superficies negras de pizarra: comer es revivir el gag de Tricicle en la comedia 'Terrífic' en la que Joan Gràcia estremecía pasando un tenedor por un plato blanco. Aún hoy, los modernos desfasados, sección 'sin un duro', insisten en ese material que eriza el vello.

La alternativa es peor: los chefs con los bolsillos grandes han enloquecido con las vajillas, pervirtiendo el sentido utilitario. Dominado por lo fallero, cada vez es más difícil comer en cuencos que imitan la naturaleza.

Pobres camareros y picas: manejar esos cacharros obliga a pedir hora al osteópata. Y son tan llamativos que enseguida aburren.

Volvamos al negro. O mejor al blanco.






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