Mentiras y verdades sobre el hambre // Martín Caparrós











Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es un cronista incisivo, renovador del género.
Novelista premiado, trotamundos, entiende la escritura como compromiso.

Su bigote es una vara de zahorí para detectar la impostura.

Acaba de publicar El hambre, libro monumental sobre la desgracia humana.

Durante años ha viajado por los países en los que la palabra hambre deja de ser una necesidad para pasar a emergencia.

En este doloroso juego que se le plantea distingue verdades de mentiras.




El hambriento se va comiendo a sí mismo. ¿Verdad o mentira?

Verdad. verdad horrible. El hambriento, al no tener qué comer, se come su propio cuerpo, sus grasas, sus músculos, toda su materia, hasta que no le queda nada. Eso es lo que llamamos morir de hambre.



Los hambrientos no tienen mascotas. Para un pobre, una mascota es un bocado. ¿Verdad o mentira?

Mentira. No quiero caer en idealizaciones ñoñas, pero a menudo muchos pobres son más solidarios que muchos ricos, incluso con sus mascotas: conocen su valor, supongo, y su fragilidad.



La principal ocupación del famélico es procurar comer. El hambre no permite realizar ninguna otra actividad. ¿Verdad o mentira?

Mentira: realiza muchas otras. verdad: cuanto más rica es una sociedad, menos tiempo de su vida ocupan sus miembros en conseguir su comida. Se calcula que un noruego usa un 3% de su tiempo; un nigeriano, un 60% o 70%.



En la otra balanza se sitúan los obesos. Los excesos de una sociedad los paga otra. ¿Verdad o mentira?

Mentira: así como los hambrientos son los malnutridos de los países pobres, los obesos son los malnutridos de los países ricos. La población más relegada, que no tiene más remedio que comer la comida más basura –y engorda por eso.



Hay tantos glotones como hambrientos. ¿Verdad o mentira?

Mentira: glotones somos todos y no es nadie; los hambrientos sí que no pueden negar su condición.



Las ONG no palían el hambre, sino que la disimulan. ¿Verdad o mentira?

Mentira: no la disimulan, la emparchan. Pero tampoco consiguen acabar con sus causas; en realidad, ni siquiera intentan actuar sobre sus causas. Saben que no pueden, y por eso intentan lo que sí.



Acabar con el hambre es posible. ¿Verdad o mentira?

Verdad. Solo que, para conseguirlo, tiene que haber cambios políticos y económicos decisivos. No se acaba con el hambre en un sistema que legitima y privilegia la ganancia por encima de cualquier otra consideración. Por encima de la justicia de una distribución donde todos tengan suficiente, digamos, para empezar a hablar.



Los hambrientos se encuentran tan lejos de nosotros como los marcianos. ¿Verdad o mentira?

Mentira cochina. Son 800, 900 millones, están por todas partes. La mayoría se encuentra a cuatro o siete horas de avión. Algunos, incluso, a media hora de marcha.



Para celebrar que había acabado el libro se dio una gran cena. ¿Verdad o mentira?

Mentira. Para eso tendría que haber acabado el libro.



Ha escrito un libro sobre el hambre para poder comer. ¿Verdad o mentira?

Mentira. Al contrario, me impidió comer algunas noches.



Escribir sobre el hambre es inútil. Un libro no alimenta. ¿Verdad o mentira?

Mentira. No leer es como pasar hambre: alimentarse de sí mismo, consumirse a sí mismo hasta la extenuación.



Escribir sobre gastronomía es una frivolidad. ¿Verdad o mentira?

Mentira. O verdad, según cómo se escriba. Yo creo que la gastronomía es uno de los grandes lenguajes contemporáneos, y que es muy válido y muy interesante intentar entenderlo, decodificarlo, recodificarlo, criticarlo.



Usted dirigió una revista gastronómica. Con libros como este busca redimirse. ¿Verdad o mentira?

Mentira. Mis pecados son otros, no caben en la sección de gastronomía.



Los territorios condenan o salvan a las personas. ¿Verdad o mentira?

Verdad, creo. Siempre me sorprendió ese insondable azar que te puede hacer nacer en Nueva York o en Uagadugú, y lo distintas que serán una vida y la otra.



Con el agua y la comida se hace política. ¿Verdad o mentira?

Verdad, como la copa de un pino.



Quien controla el agua y los alimentos manda en el mundo. ¿Verdad o mentira?

Verdad, pero quizá más: quien manda en el mundo controla el agua y controla los alimentos. O viceversa, vaya usted a saber.



Acabar con la desnutrición severa tiene un precio: 10.000 millones de euros al año. ¿Verdad o mentira?

Mentira. La FAO tiene un cálculo de que podría costar unos 30.000 millones al año. Pero tampoco está tan claro cómo sería eso. ¿Más parches, más asistencialismo?



El hambre de los niños es el hambre de sus madres. ¿Verdad o mentira?

Verdad, durante un tiempo. Cuando un niño se gesta, cuando mama, el hambre de su madre lo condena: no le permite desarrollarse como debería. Después, su propia hambre remata la faena.



Pasan hambre porque son unos vagos. ¿Verdad o mentira?

Mentira canalla. Pasan hambre –la mayoría pasa hambre– porque hay gente y estructuras poderosas –generalmente blancas– que les extrae, desde hace siglos, lo que precisarían para no pasarla.



"Para que haya gente feliz, algunos tenemos que ser infelices". Es una frase que dice una mujer en 'El hambre'. ¿Verdad o mentira?

Mentira, supongo. Nunca se comprobó que la felicidad de unos dependiera de la infelicidad de otros. Salvo en el caso de los sádicos, claro.



Cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos. ¿Verdad o mentira?

Verdad brutal. En los países más ricos, como el nuestro, entre el 30% y el 50% de la comida se tira –en las casas, en los restaurantes, en los supermercados–. Solo eso alcanzaría para matarnos de vergüenza.



Ayunar no ayuda a los hambrientos. ¿Verdad o mentira?

Verdad. Ayunar solo ayuda a los enfermos que lo necesitan, y a los sacerdotes –que reafirman su poder haciendo que sus seguidores hagan algo tan antinatural como no tomar agua durante horas y horas a 40 grados a la sombra–. Lo que ayuda a los hambrientos es buscar maneras de repartir con justicia la comida y las demás riquezas.
















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