Rafael Chirbes, gastrónomo







Entre los textos laudatorios que siguieron a la muerte del escritor Rafael Chirbes, apenas un par o tres se refirieron a sus saberes gastronómicos.

El anacoretismo del personaje y la aridez de las novelas que lo hicieron discretamente célebre –sobre todo,Crematorio–  lo alejaban de los volúmenes y los vicios de los gurmets convencionales.

Fue director de la revista Sobremesa, donde se especializó en vinos franceses: sería oportuno recoger aquellos textos en un libro.

Ahora que tantos escriben sobre gastronomía con dedos pringosos, es hora de recuperar a los maestros y sus silenciosas lecciones.

La novela En la orilla, donde ahondaba en los pozos de la putrefacción humana, satiriza la alta cocina de raíz francesa –y menciona el término tecnoemocional de pasada– y escabecha al corrupto editor de una revista de vinos.
Apenas una docena de páginas de 437, resumen de lo que pasó en ciertos comedores en los alegres años precrisis, y aun antes, en ese final de la década de los 80 entre tintos humeantes y habanos con graduación.

«Uno no es exactamente lo que come (...), sino que uno es, sobre todo, dónde come, y con quién come», escribió.




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