El mortero // Gurmetizados
Desde el Neolítico, el mortero nos ha acompañado y, a golpe de mazo, ha marcado el ritmo de la Humanidad. Sin la molienda de los granos jamás se habría ablandado la civilización.
La cocina moderna ha olvidado el objeto, arrinconado en el armario de los trastos etnográficos. Y eso que el principal instrumento sigue siendo la mano: no cocinan las máquinas, sino las personas.
Lo reivindica Ly Leap en Indochine, que ve en la batidora el brazo de Satanás.



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