El periquito Piolín









CÍCLOPE. Un viaje largo de cuatro horas en tren. La velocidad acuchilla los paisajes. En verano, el mundo es amarillo. Desde mi sitio veo a un hombre que hace un crucigrama. Ocupa esos asientos que reúnen a cuatro personas en torno a una mesa. Para buscar la palabra alza la cabeza como si quisiera cazarla en el aire. Se queda un rato petrificado en la posición. Es bizco. Con el ojo zurdo me mira cada vez sin mirarme. Un faro que sobresalta. El cíclope que vigila.


WHATSAPP. En el vagón, una mujer mayor conversa: “Pues no he recibido ningún guasa”.


NAVAJA. Hay muchas personas de edad, y peregrinos. Mochilas, cayados, valvas de vieiras. Veo desayunar a un anciano vigoroso: ha ido al bar a por una cerveza, libera el bocadillo de la armadura del papel de plata y abre la navaja. En mi infancia la navaja era un arma. Nos habían atracado con ese filo. No soy capaz de ver en la navaja la nobleza del cuchillo. El cuchillo no se esconde.


LACTOSA. Al vagón bar (¿por qué lo llamarán vagón restaurante?) llega una mujer africana con rastas. Habla en voz baja, retraída. El único camarero, un hombre que se acerca a los 60, muestra la simpatía del esparto. Ella pregunta: “¿Tiene leche sin lactosa?”. Él ladra: “¡Lo único que tengo es leche descremada!”. Entre susurros, la mujer pregunta por una alternativa que no le dañe la salud. El camarero chilla: “¿Negro? ¿Un té negro?”. Al lado de la mujer, que lo mira con susto, siento vergüenza por la agresividad del primate.


PERIQUITO. De nuevo en mi butaca, escucho la conversación de la vecina de atrás. Habla, seguramente, con una asistenta: le da órdenes. El objeto de la charla es el periquito Piolín. No el canario Piolín, pues esa era la raza del dibujo animado. Hasta tres veces telefonea para ampliar órdenes. Estas son las instrucciones:


JAULA. Que saque a Piolín de la jaula y lo deje volar cinco minutos. Solo cinco minutos.


PERSIANA. Que abra la persiana unos centímetros para que pase la luz. Pide un número exacto de centímetros.


ALPISTE. Que vaya a buscar una bolsa de comida con la inscripción Piolín Piolín PiolínY que no tire a la basura el alpiste sobrante porque ella, al regreso, se lo dará a las palomas.


BIENESTAR. Querer de esa manera a un animal, promover su bienestar de forma minuciosa, y exagerada. Amar a un ser que no sabrá corresponder y cuya única manifestación afectuosa será continuar vivo y parlotear y picotear. Querer por el placer de querer. Y por sentirse menos solo. Menos sola.


MANIRROTO. En el exterior, 32º. En el interior del vagón, el Polo Norte. La Administración es manirrota. Morir de frío mientras atiza el calor. Miles y miles de trenes con despilfarro energético se están moviendo a la vez.


MEGAFONÍA. En cada estación, la megafonía recomienda bajar las señales acústicas del móvil. Nada dice de las personas que gritan en lugar de hablar.






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