El 'lonut' y el donut








Al pastelero Carlos Beltrán le agrada mojar el donut en el café con leche, acción complicada porque la redondez de la rosquilla impide sumergirla de manera completa en la taza. ¿Solución? Un donut alargado, que él llama de forma comercial lonut.

«Ya sé que existen los fartons», dice. El fartó sería un pariente lejano. El lonut ha aparecido (¿para quedarse?) en la calle de Bailén de Barcelona, en la recién estrenada cafetería Sally Sucra.

Lo comí el otro día cubierto con chocolate y la verdad es que era goloso. Buena textura, poco graso. De momento prepara pocos, «entre diez y 12 diarios», un número similar al de cruasanes, también ricos.

En el 2013, Dominique Ansel comenzó a vender cronuts en su pastelería de Nueva York y esa masa entre cruasán y donut hizo fortuna y se expandió mundialmente.

No creo que Ansel cobrara royaltis por las copias. Probé algunas versiones durante la epidemia y me parecieron aceitosos y pesados.

¿Tendrá fortuna el lonut? Sería estimulante asistir al nacimiento de un fenómeno. Beltrán quiere registrarlo y mientras se soluciona el papeleo que este artículo sirva como acta notarial.






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