Tiempo de ratafía






El fin de la verbena de Sant Joan tuvo gusto a nuez.

Metí en la coctelera ratafía, lima y hielo y la moví como si acompañara a las maracas a Tito Puente.

Copié una bebida que preparó el sumiller Pere Palmada un sábado con estrellas en el Mas de Torrent en homenaje a Fina Puigdevall y Pere Planagumà, que han fichado por el hotel que dirige Xavier Rocas. La cocina limpia y esencial de Les Cols adaptada a la costa y su fauna.
     

El tiempo de la ratafía está punto de llegar.

Fina dijo que en Olot nunca han dejado de beberla y que es de uso cotidiano. Mis sobrinos preparan una casera en Moià.

En el aire hay indicios de que esa bebida alcohólica con nueces verdes (que se recogen ahora), especias y hierbas maceradas toma impulso. Algunas casas como L’Àvia, Gruart, Russet o Terrània presentan botellas estilosas que no desentonarán en ambientes hipsters o fofisanos.
     
Las casas de vermuts han abierto el húmedo camino:  aunque la graduación de la ratafía es mayor y eso obliga a moderarse.

Para la expansión hay que contar con barmans motivados, y tatuados, bigotudos y barbudos, que den a la bebida la relevancia que merece.






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