Lo que se comía y bebía en Yubari



El verano pasado fui dos veces (junio y julio 2015) y no me convenció.
Demasiado caro, demasiado plano. Un lujo chillón e incómodo. Un sitio raro. Lo mejor, las botellas.

El primer día, monográfico de nigiris: corrientes, rutinarios. Ninguno me pellizcó el cerebro.
El segundo, el menú de mediodía, ejecutado con torpeza.

Nunca lo recomendé.

Un año después, el juez lo precintó (¿temporalmente?) por encontrarse su propietario envuelto en una trama de blanqueo de capitales.

Quedan aquí los platos como curiosidad.



Los nigiris























Y el menú

















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